CHICAGO –
A sus 20 años recién cumplidos, Javier Rivera parece tener el mundo y un gran futuro por delante. Es graduado de la secundaria de Palatine, al norte de Chicago, tiene dos trabajos y es el mejor boxeador amateur del estado de Illinois en las 108 libras.
Pero no todo es color de rosa para Rivera, quien realmente no sabe qué pasará con su vida deportiva. Nativo de México y residente en Estados Unidos desde los siete años, no puede competir en los principales torneos de boxeo para aficionados, reservados exclusivamente para ciudadanos americanos.
Como “Dreamer” (habilitado para trabajar legalmente gracias al Dream Act), goza de varios beneficios legales pero no es ciudadano americano, lo cual le impide competir en los
de Chicago (clasificatorios para torneos Nacionales) y lo inhabilita para alcanzar su sueño olímpico en Estados Unidos. Y buscar ese sueño en tierras mexicanas podría ser tan riesgoso como complicado.
O se dedica a competir en torneos amateurs de segundo nivel o pasa al profesionalismo, donde debería comenzar desde muy abajo porque su récord no exhibe grandes competencias nacionales.
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Encrucijada de Guantes de Oro
Después de una gran carrera en lucha libre en Palatine High School, donde se destacó a nivel estatal, Rivera ingresó al boxeo. En cuatro años ha alcanzado un record de 31-2, ganó los Guantes de Oro de las 112 libras para novatos en Chicago en 2012, los dos últimos Power Gloves locales en La Villita, derrotó a los campeones de Guantes de Oro de Illinois en los últimos años y el mes pasado alcanzó su consagración al ganar en Missouri el Mundial de Ringside, un torneo en la división Open (Abierta) del más alto nivel con varios de los mejores exponentes nacionales y otros púgiles internacionales.
El problema para Rivera, sin embargo, es que no puede participar en los Guantes de Oro locales porque no es ciudadano americano y, por lo tanto, no puede clasificar para los Torneos Nacionales ni aspirar a una plaza olímpica.
“Nos están quitando oportunidades a los latinos. Me enojo porque yo les gané a los que fueron a los Nacionales en mi peso”, explica Rivera, nacido en Zacatecas pero criado en Huejuequilla El Alto, Jalisco.
El record de Rivera es 2-1 ante Saúl Cano (del gimnasio Jesse Torres de Aurora) y 3-0 contra Giovanny Martínez (Garfield). Tanto Cano como Martínez fueron campeones o finalistas de la categoría Open (Abierta) en los Guantes de Oro en las 108 libras y compitieron en torneos Nacionales. Rivera nunca pudo participar en los Guantes de Oro y, por lo tanto, tampoco en los Nacionales.
“Yo entiendo los dos lados. Un entrenador ve que su atleta no puede participar y veo la frustración de los boxeadores. Pero no tiene mucho sentido que un boxeador participe en los Guantes de Oro si después no va a poder ir al torneo nacional”, dice el peruano Pedro Calla, entrenador de Rivera y encargado del gimnasio Rumi Maki, que significa “Mano de Piedra” en la lengua quecha de los antiguos incas peruanos. “Pero por otro lado eso le hace mal al deporte porque, ¿dónde queda la competitividad? Deberían crear alguna forma para que los buenos boxeadores, que no tienen papeles, puedan participar en esas competencias”.
Cuestión de reglas
Las reglas de los Guantes de Oro están claras según la Comisión Atlética de Illinois. El entrenador Sam Colonna, quien suele ser parte de la organización, da su versión: “En la categoría de novatos se puede competir en los Guantes de Oro sin ser ciudadano porque allí no se clasifica para nada. Pero en la división Open (Abierta), la más competitiva, sí hay que ser ciudadano porque el torneo es clasificatorio para los Nacionales y para representar a Estados Unidos. ¿Cómo va a representar alguien al estado o al país si no es ciudadano?
Calla argumenta que el nivel de los Guantes de Oro no es tan elevado por culpa del requisito de la ciudadanía. Pero Colonna no está completamente de acuerdo.
“Todos queremos que el nivel sea el más alto y que todos puedan competir. De hecho, yo conozco al muchacho de Palatine (Rivera) y sé que le ganó a los mejores. Pero el nivel de los Guantes de Oro no baja tanto como se dice. En realidad, el año pasado sólo se le negó la entrada a tres boxeadores sobre un total de 360 registraciones porque no eran ciudadanos”, afirma.
Mientras busca algún camino legal para seguir adelante con su sueño deportivo y olímpico, Rivera intenta no desviarse de sus objetivos.
“Hay mucha distracción, muchas pandillas y drogas, pero yo quiero seguir por el buen camino y alcanzar mis metas”, explica el púgil mexicano, quien trabaja desde la mañana en una fábrica de aluminio en Wheeling, luego da clases de boxeo para niños en el gimnasio Rumi Maki de Palatine, después sale a correr y más tarde entrena a las órdenes de su preparador en el mismo gimnasio. “No me da tiempo para hacer nada, sólo para trabajar y entrenar”.
Como “Dreamer” y deportista ejemplar, Rivera deja un mensaje final: “Quieren tener una comunidad mejor y mejores latinos pero nos quitan las chances de poder hacer algo en la vida. No nada más soy yo, hay muchos otros que tampoco pueden hacer nada por muchas circunstancias, porque no son ciudadanos, y no sólo en boxeo sino también en otros deportes. Eso a los latinos nos friega mucho. Hay muchos que tienen sueños. Todos tenemos que tener la misma oportunidad”.