More Top Picks Best Led Book Lights For Kids
player ready...CHICAGO
Carlos Bilardo, el técnico de la Argentina campeona en México ’86, solía decir que el subcampeón es el primero de los perdedores. Como argentino, me siento orgulloso de ocupar ese lugar. Después del campeón, Alemania, somos los mejores de los 208 países que iniciaron el proceso de clasificación tres años atrás para el Mundial de Brasil 2014.
El orgullo, en realidad, tiene razones más profundas. Es que muchos no esperábamos mucho de esta selección y sin embargo alcanzamos la final. Después del 7 a 1 de Alemania sobre Brasil en la semifinal, los teutones lucían como tanques del Tercer Reich que avanzaban sin piedad durante la Segunda Guerra Mundial. El holandés Arjen Robben, que además de excelente actor es un mal perdedor, dijo que su país mereció estar en la final (¿qué partido vio en la semifinal?) y que los argentinos no tenían ninguna chance frente a los teutones.
Y la verdad es que Argentina contó con las chances más claras para ganar la final en tres mano a mano de Gonzalo Higuain, Lionel Messi y Rodrigo Palacio. Me gustaría poder decir que nos “robaron” con el penal de Manuel Neuer a Higuain que el árbitro ignoró según la opinión de muchos, pero la verdad es que yo no vi penal. Pero más allá de eso, la realidad es que, a igualdad de piernas, Argentina fue igual o un poquito más que el campeón.
Argentina empezó a perder la final en el suplementario y los penales contra Holanda en la semifinal. Se sabía que los alemanes llegaban con un día de descanso más que los argentinos y que sólo habían jugado en serio 29 minutos ante Brasil.
En igualdad de piernas, Argentina creó más peligro para anotar. El aspecto físico, sin embargo, fue determinante para Alemania y la muestra más clara de ello fue el gol: Andre Schurrle y Mario Goetze, ingresados como recambio, hicieron el pase tras una larga corrida y la anotación.
Por sus pasos previos en el torneo, Alemania es un justo campeón. A Argentina le salió todo al revés en la final: tuvo más chances que en los partidos previos pero careció del golpe de un noqueador. Y así como ganamos partidos previos que podíamos haber perdido, caímos en la final a pesar de que estuvimos cerca de triunfar.
El fin de los mitos
Con su título, los alemanes acabaron con el aquel eterno lema de “América para los americanos”. Brasil 2014 terminó además con otro mito para muchos, el de Messi como mejor de todos los tiempos o superior a Diego Maradona.
Este Mundial sirvió para enterrar la discusión y para demostrar que entre Messi y Maradona hay años luz. Hace años que sostengo que “La Pulga” es un jugador de “partidos fáciles” y este torneo lo volvió a confirmar. Es cierto que sus cuatro goles de la primera ronda fueron decisivos. También es cierto que su mejor partido fue ante Nigeria y no es casualidad: era el más intrascendente de todos porque Argentina ya había clasificado para la segunda ronda. A partir de ahí arrancaba “el verdadero Mundial”, según sus propias palabras. Una asistencia a Di María en el gol ante Suiza fue su única jugada decisiva en “el verdadero Mundial”. Todos recordamos lo que hizo Maradona a su misma edad en “el verdadero Mundial” de México ’86.
Como argentino, me llevo un sabor agridulce de este Mundial. Merecimos poco durante el torneo y mucho en la final. Lo positivo es que no pasamos tanta vergüenza como nuestros rivales históricos, los brasileños: esta era su oportunidad para vengar el Maracanazo del ’50 y -según Bilardo- fueron los terceros de todos los perdedores.