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CHICAGO

Un dentista llamado Pak Doo-ik sacudió al mundo del fútbol al anotar el gol de la victoria de Corea del Norte sobre Italia en el Mundial de 1966. Desde entonces todo ha sido muy previsible en los Mundiales, con alguna que otra sorpresa aislada como las de aquellos coreanos, pero la realidad no cambió nunca hasta hoy: los grandes siempre derrotaron a los débiles y avanzaron cómodamente hasta las finales.

Pero el actual

Mundial de Brasil

se ha convertido en el más extraño e ilógico de la historia porque nadie puede predecir lo que va a ocurrir. Costa Rica derrotó a dos ex campeones mundiales como Uruguay e Italia. Ghana le empató a Alemania y bien pudo haberle ganado. Holanda, que venció al actual campeón, estuvo abajo en el marcador frente a la humilde Australia. Estados Unidos roza los octavos de final mientras que Cristiano Ronaldo y Portugal están casi afuera. España, que arrasó en el mundo del fútbol en los últimos años, quedó afuera del Mundial cinco días después de haber debutado.

Este Mundial es tan insólito que sólo cabe mirar algunos números del partido entre Argentina e Irán para comprobarlo. Los albicelestes tuvieron un 77% de posesión del balón, la marca más alta en la historia mundialista (desde que se computan estos números) y apenas creó un par de situaciones de gol. Los iraníes sólo conectaron un total de 130 pases, la marca más baja de los Mundiales desde 1966, y pudieron haber ganado el partido con tres llegadas clarísimas y un penal ignorado por el árbitro serbio Milorad Mazic.

Y aquí viene el punto de discusión. Suele decirse que el mundo del fútbol se emparejó hacia abajo, con naciones poderosas que bajaron su nivel y fueron alcanzadas por los más débiles. Pero uno diría que es exactamente al revés. Es que las estrellas de los países emergentes ya no son dentistas como Pak Doo-ik sino futbolistas profesionales que militan en las mejores ligas del mundo.

A juzgar por lo ocurrido hasta el momento, cualquier cosa podría pasar en este Mundial. Brasil, que hace varias décadas pasó del “jogo bonito” al “jogo prático”, no sabe bien a qué juega y, salvo Neymar, no cuenta con las infaltables estrellas que siempre resolvían partidos con alguna genialidad. Alemania, Holanda, Italia y Argentina no lucen muy confiables y han sufrido ante países del “tercer mundo” del fútbol.

Por lo demás, algunas cosas parecen no cambiar nunca. Los ingleses, que inventaron el fútbol, siguen sin aprender a jugarlo y mirarán la segunda fase por TV. Sus vencedores, los uruguayos, siguen dando pelea y han confirmado una vez más algo que jamás se les ha reconocido: son por lejos los mejores per cápita en el mundo. Algunos argumentan con razón que las conquistas uruguayas (Juegos Olímpicos de 1924 y 1928 y Mundiales de 1930 y 1950) ocurrieron en la prehistoria del fútbol pero olvidan que en tiempos modernos fueron dos veces subcampeones mundiales Sub20, sus clubes ganaron ocho Copas Libertadores y seis Intercontinentales, fueron semifinalistas en el último Mundial y son los actuales campeones de América. Y aquí está el dato increíble: Uruguay tiene un poco más de 3 millones de habitantes, es decir la misma población que la ciudad de Chicago sin contar sus suburbios.