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Por Marine Hass

MANAOS Brasil (Reuters) – Mientras los hinchas brasile +/-os miran cada giro y vuelta de Neymar, Venulda Guereiro est ¡ viendo el r ¡pido movimiento de otro personaje: una cobra.

Guereiro y miles como ella viven en los barrios m ¡s pobres de Manaos en la selva amaz ‘nica, donde una gran crecida del R -o Negro form ‘ un lago gigante y apestoso de basura y otras amenazas desagradables.

“Los ni +/-os tienen miedo de la cobra, porque la cobra siempre viene en silencio, no hace ning ?n ruido. As – que las noches son muy duras”, dijo a Reuters Televisi ‘n en su chabola, similar a una choza de madera.

El estadio Arena Amazonia, construido para albergar cuatro partidos de grupo del Mundial, est ¡ solo a unos kil ‘metros al otro lado de la ciudad de 1,8 millones de personas, pero bien podr -a estar en Marte.

La realidad cotidiana de Guereiro son lagos de olor f (c)tido y r -os de basura tan espesa que podr -a caminarse a trav (c)s de ellos. Madera, pl ¡stico, pa +/-ales sucios, botellas, cajas de cigarrillos, posavasos, botellas y muebles se pudren bajo el feroz sol.

Los residentes pasan de una casa a otra en pasarelas de madera instaladas por autoridades locales.

En otras partes de Brasil hubo protestas violentas contra la cantidad de dinero gastado en el Mundial en medio de acuciantes problemas sociales. Pero en el barrio pobre Beco Jos (c) Casemiro cerca del centro de Manaos, la resignaci ‘n est ¡ a la orden del d -a.

“As – es como vivimos, seg ?n la voluntad de Dios, hasta el d -a en que Dios diga: ‘esta (familia) puede salir y esta otra'”, dijo Guereiro, quien instal ‘ una pasarela rudimentaria dentro de su choza para mantener los pies fuera del agua.

Las autoridades est ¡n trasladando a los m ¡s vulnerables a nuevas viviendas en terrenos m ¡s altos. Unas 3.000 familias son las m ¡s afectadas a lo largo de 14 de 63 distritos de Manaos.

Aunque el r -o a menudo se desborda, los funcionarios culpan a una cifra sin precedentes de tres a +/-os consecutivos de graves inundaciones.

“Apenas nos recuperamos del a +/-o anterior y aqu – estamos otra vez”, dijo Anibal Gomes, quien trabaja para la ciudad en gesti ‘n de crisis.

M ¡s al oeste, en el barrio de Gloria, pocas personas usan las camisetas del equipo de Brasil, omnipresentes en otros lugares. Hace tres o cuatro a +/-os, cerca de 1.000 familias viv -an all -. Hoy solo quedan 130.

“Tenemos muchos problemas, sobre todo por los ni +/-os. Tienes la basura que las autoridades locales no limpian, tenemos que vivir con eso, con ratas, con el agua contaminada”, dijo Jamily Araujo.

La ciudad dice que recoge 800 toneladas de basura al mes.

Paulo da Silva ha vivido en Gloria por 30 a +/-os y est ¡ dispuesto a irse. Puso su casa a la venta.

“Quiero conseguir algo de dinero para comprar una casa por all ¡, m ¡s arriba, porque antes no ten -amos tanta agua y ahora todo el mundo est ¡ inundado”, dijo.

El anuncio ofreciendo la casa menciona dos habitaciones, una cocina y un ba +/-o. No dice nada sobre la laguna infestada de basura que queda justo afuera.

(Editado en espa +/-ol por Daniela Desantis)