
CHICAGO
Dicen que los peruanos descienden de los incas, los mexicanos de los aztecas… y los argentinos descienden de los barcos porque de allí bajaron los millones de españoles, italianos y otros europeos que hace más de un siglo alimentaron la actual identidad de los argentinos.
Y de un barco también llegaron los colores de la camiseta más popular del fútbol argentino porque un día de 1906 los fundadores del club Boca Juniors decidieron que le pondrían a su casaca los colores de la bandera del primer barco que arribara al puerto de Buenos Aires. Ese navío resultó ser sueco y desde entonces la camiseta boquense ha sido azul y amarilla.
En ese mismo puerto de Buenos Aires nació también la rivalidad más poderosa del fútbol argentino porque ambos vecinos, Boca y River Plate, se trenzaron en guerras futbolísticas desde 1908. Más tarde River mudó su estadio al elegante barrio de Palermo y luego al Estadio Monumental, en Núñez, en otro sector de clase media alta de Buenos Aires.
Desde entonces, siempre se ha relacionado a Boca con las clases populares porque el club quedó en el barrio de La Boca, cerca del puerto. Sus dos apodos, ‘Xeneizes’ y ‘Bosteros’, coinciden con este origen. Xeneizes se llamaba a los primeros inmigrantes de Génova, Italia, que fundaron el club y la bosta es el estiércol de las vacas y los caballos. Es que el estadio de Boca está al lado del Riachuelo, un pequeño río que emana un olor insoportable…
Tras su cambio de domicilio y gracias a su poder económico, River lleva desde la década del ’30 el apodo de ‘Los Millonarios’.
Ambas hinchadas y especialmente sus ‘barras bravas’ representan en parte esta dualidad de personalidades. El líder más famoso de ‘La Doce’, la facción de seguidores más violenta de los boquenses, fue José ‘El Abuelo’ Barrita (su apellido le caía a medida para el cargo), un italiano criado cerca del puerto de Buenos Aires, quien un día apuntó su revólver calibre 38 al entonces jefe, ‘Quique El Carnicero’, y se autoproclamó jefe de la hinchada.
Los riverplatenses, por su parte, contaron en la última década entre los líderes de sus ‘Borrachos del Tablón’ a Adrián Rousseau y los hermanos William y Alan Schlenker. Este último, que ha sido acusado de varios hechos delictivos, es un productor agropecuario de pelo rubio y ojos celestes con domicilio en el exclusivo barrio Las Cañitas de Buenos Aires.
Después de 10 años
El domingo pasado River derrotó a Boca por 2 a 1 en el estadio de La Bombonera y quebró un maleficio de 10 años sin victorias como visitante. De paso, los riverplatenses quedaron a un punto del líder actual, Colón de Santa Fe, y se prendieron en la lucha por el campeonato.
River ganó así un duelo típico en un Superclásico, con el corazón y pierna fuerte. El mellizo Ramiro Funes Mori, autor del gol de la victoria a cuatro minutos del final, lo resumió momentos más tarde: “Ganamos porque este equipo tiene unos muy grandes ahí abajo”, mientras se señalaba los genitales.
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Tanto River como Boca van a necesitar este año más que esos “de ahí abajo” para completar un buen 2014. Ambos llevan varios campeonatos sin éxitos y casi se han quedado sin ídolos adentro de la cancha. El genial Juan Román Riquelme, autor de un golazo de tiro libre el domingo para Boca, vive continuamente lesionado y parece cercano al retiro. El humorista local Ariel Tarico suele imitarlo a la perfección y termina sus parodias diciendo que “ahora voy a dejar de hablar para no lesionarme la lengua”.
River ganó su último título en 2008 cuando lo dirigía Diego ‘El Cholo’ Simeone. La última conquista de Boca ocurrió en 2011, cinco torneos atrás. Y ni siquiera la llegada de Carlos Bianchi como entrenador ha conseguido disimular la caída actual de los boquenses.
Bianchi, quien ostenta el poco conocido galardón de ser el máximo goleador histórico de Argentina (400 tantos en Francia y en su país), condujo a Boca en la etapa más gloriosa de su historia cuando obtuvo entre 2000 y 2003 tres Copas Libertadores y dos Intercontinentales, incluidas varias en definiciones por penales. Era tanta la fortuna de Boca en aquellos tiempos que se decía que Bianchi tenía línea directa con el teléfono de Dios. Hoy, cuando la suerte ya no lo acompaña, sus enemigos dicen que sólo conoce el número del celular de la hermana de Jorge Bergoglio, el actual Papa.
Ver y después morir
Según el diario británico ‘The Observer’, el Superclásico entre River y Boca encabeza la lista de los ’50 eventos deportivos para ver en el mundo antes de morir’. “Un Boca-River hace ver al Old Firm (el siempre polémico choque entre Celtic y Glasgow Rangers en Escocia) como un simple juego de niños de escuela primaria”, escribe el periódico inglés.
Otros que fueron protagonistas están de acuerdo. Matías Almeyda, ex seleccionado argentino, dice que “tuve la suerte de jugar un Betis-Sevilla, Inter-Juventus y Lazio-Roma, pero no hay nada como un River-Boca, esto es una pasión especial”.
El franco-argentino David Trezeguet estima que “después de haber estado en muchos Derbys en el mundo, todos ellos parecen otra cosa”. Y el actual técnico de Boca, Bianchi, dice que se aburrió en un Barcelona-Real Madrid porque la gente, en su opinión, cantaba y aplaudía sin ninguna emoción en comparación con un Boca-River, donde los hinchas viven los 90 minutos al borde de la locura total.
Un Boca-River es definitivamente un espectáculo aparte que probablemente no tenga nada comparable en el mundo. Allí la pasión es tal que se acerca a la barbarie o el mal gusto. La violencia, incluso, es moneda común y a veces es provocada por los propios protagonistas. Dos jugadores de River, Franco Costanzo y Julio ‘Huevo’ Toresani, sacaron sus cabezas afuera de las ventanillas del autobús que ingresaba al estadio de Boca unos años atrás y arrojaron fuegos artificiales hacia la tribuna local.
Debido a los hechos de violencia, la asociación de fútbol local prohíbe el ingreso de hinchadas visitantes a los estadios. A pesar de eso -y sólo para controlar a los boquenses- el domingo hubo 1,470 encargados de seguridad en la cancha de Boca entre policías y agentes gubernamentales. Es que la fiesta más grande del fútbol argentino suele caminar siempre por el límite entre la pasión y la tragedia.
River Plate y Boca Juniors
Récord: 84-75 para Boca con 73 empates
River
– River ganó 35 títulos argentinos, 2 Copas Libertadores, 1 Sudamericana y 1 Intercontinental
– Estadio Monumental (68,000)
– River descendió una vez a la B, la segunda división local, en 2011 y desde entonces los boquenses lo llaman “RiBer”
Boca
– Boca ganó 30 títulos argentinos, 6 Copas Libertadores, 2 Sudamericanas y 2 Intercontinentales
– Estadio La Bombonera (49,000)
– Boca tiene un hotel propio además de una marca de vinos y una flota de taxis propia, junto con cajones para hinchas difuntos y un cementerio propio