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Muchos de los que se toman al menos el trabajo de pensar en el término “death metal” imaginan un género absolutamente siniestro que no tiene espacio alguno para el entretenimiento, y cuyos seguidores son incluso capaces de sacrificar a niños recién nacidos en nombre de Satanás. Pero lo que hizo esta semana Carcass en el Sur de California demostró que no están totalmente en lo cierto, en desmedro de las letras despiadadas que distinguen al cuarteto.

En principio, lo que experimentamos cuando la veterana banda inglesa empezó su set fue por el lado de lo predecible: no vimos ningún asesinato, claro, pero mientras estábamos en el pit de fotógrafos, fuimos inclemente asediados por los sujetos que hacían “crowd surfing” y que parecían aterrizar invariablemente sobre nuestras cabezas, lo que nos llevó a ser golpeados en más de una ocasión; e inmediatamente después, cuando tratábamos de conseguir un lugar decente para ver el escenario, un tropel de metaleros enardecidos, sudorosos y a veces con mucho sobrepeso hizo que nuestros esfuerzos resultaran imposibles.

Sin embargo, un poco más tarde, al conseguir una posición más ventajosa y menos transitada, fuimos capaces de obtener una experiencia que, al menos para nuestros ojos y nuestros oídos, estuvo lejos de resultar infernal. Esto se debe en parte a que toleramos bastante bien los sonidos extremos del metal, pero también a que, pese a las apariencias, Carcass es un grupo de lo más divertido. Lo dicho es particularmente cierto en el caso del vocalista y bajista Jeffrey Walker, quien además de ser el “frontman” del combo, es un “showman” absolutamente incuestionable.

O lo fue al menos durante esta velada en el Observatory de Santa Ana, que se dio justamente durante la celebración de su cumpleaños número 45. El hombre no dejó de mencionar el hecho ni de proclamar que se encontraba con varias copas de más debido a la circunstancia; y aunque dicho estado -que nunca fue demasiado aparente- pudo volverlo más efusivo que de costumbre, todo parece indicar que se trata de un asunto de personalidad.

Es decir, una personalidad divertida y hasta campechana que lo llevó a jugar permanentemente con la audiencia, como lo probaron sus bromas constantes, desde su pedido para que la audiencia reaccionara ante el grito de “Scream for me, Santiago!” (“estuvimos hace poco en Chile”, dijo) hasta la afirmación de que “somos en realidad un grupo de power ballads”, pasando por sus alusiones a la edad que tiene (“me ha estado doliendo la pierna; creo que es la menopausia masculina”, comentó).

Sin embargo, en medio de todos estos atisbos de comedia, que fueron recibidos sin problemas por el rudo público, Walker no dio muestra alguna de flaqueza durante las interpretaciones musicales, y se puso serio al comentar que si alguien escuchaba algún error en el concierto “es porque somos una banda que toca completamente en vivo, sin pistas pregrabadas ni computadoras”. “Lo que escuchas es lo que ves”, concluyó; y, por ese lado, lo que se escuchó y se vio fue la labor impecable de una agrupación legendaria que, a casi treinta años de su creación, mantiene un estado de salud impresionante.

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