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CHICAGO

Durante la semana se viste con un delantal para atender pacientes en dos hospitales de Chicago. Los fines de semana cambia el delantal por una camiseta de futbolista y se convierte en el terror del área rival.

Es el serbio Zlatko Zebic, el máximo goleador de las últimas temporadas en las

ligas hispanas de Chicago

. “Yo trato de jugar para mis equipos y ganar pero no sé si soy el máximo goleador”, explica con humildad. “En la última temporada regular de

CLASA

hice 16 goles para el

Morelia

y después otros cuatro en los playoffs. El año pasado y dos años atrás también fui líder de goleo. Pero este año me sentí mal porque no pudimos ganar la liga con el Morelia”.

Muy pocos en las ligas locales saben que Zebic, quien llegó a estas tierras seis años atrás, trabaja como tecnólogo de tomografías computarizadas y rayos X en los hospitales Northwestern Memorial y South Shore. La mayoría también desconoce su pasado como jugador profesional: en Suiza jugó para los equipos de Young Boys de Berna, la capital, y Bellinzona mientras que en Italia estuvo con el Varese en la Segunda división del calcio. También jugó para el Kosice de Eslovaquia y en su país militó en los equipos de Loznica, Spartak Subotica y Macva Sabac.

“En Italia enfrenté a rivales como Roberto Baggio, Pep Guardiola y Luca Toni”, recuerda el delantero serbio de 34 años. “Después vine aquí para jugar en el Chicago Storm y el Rockford Rampage en indoor”.

Más tarde llegó la etapa de las ligas locales, donde comenzó con sus compatriotas del United Serbs, uno de los mejores equipos europeos en Chicago que participa en la liga Metro, y de a poco se fue haciendo un lugar en las ligas hispanas, donde fue campeón de CLASA con el Valladolid y el Morelia. En la

Hispano Soccer League

también se consagró con el Costa Guerrero. Zebic dice que no recuerda las cifras exactas pero sabe que en varias ligas locales fue campeón goleador.

Zebic creció admirando a varias estrellas del equipo de sus amores, el Estrella Roja, el único club serbio que consiguió ganar una Champions League, conocida en aquel entonces (1991) como Copa de Clubes Campeones de Europa. Después vivió experiencias más tristes como la guerra de los Balcanes en los ’90, que dividió por cuestiones raciales y religiosas a la antigua Yugoslavia.

Ese odio entre ex yugoslavos (serbios, croatas y bosnios) se trasladó por momentos a Chicago donde, por ejemplo, unos años atrás una final entre el Adria (un club croata) y United Serbs (serbio) en Toyota Park debió suspenderse en el entretiempo debido a una pelea entre los dos bandos. “Sí, recuerdo eso pero yo no jugué ese partido porque había ido a visitar a mi familia en Europa”, recuerda Zebic con una sonrisa.

El temible delantero dice que prefiere olvidar esas diferencias. “Entre nosotros, los jugadores, no hay ningún problema pero hay un grupo de gente que todavía tiene malos sentimientos. Yo solamente veo buena gente y mala gente, buenos jugadores y malos jugadores. Lo veo así y nada más porque me educaron así. Incluso mi mejor amigo aquí es Igor Stejpic, que es croata y es el capitán del Adria”.

Zebic prefiere no hablar de cuestiones políticas y agradece las posibilidades que Chicago le ha ofrecido para su trabajo y en el fútbol. “Este año no pude jugar la final de la liga Hispano con el Costa Guerrero porque tuve una entrevista de trabajo en North Carolina. Fui allí pero, por suerte, surgió una buena oportunidad de trabajo aquí y fue mejor. Aquí me siento feliz jugando en estas ligas”, comenta.

Como muchos ex profesionales locales, Zebic cree que las ligas de Chicago son altamente competitivas y que varios jugadores locales de origen hispano podrían jugar profesionalmente.

“No se trata de la técnica sino de la táctica. Varios jugadores de aquí podrían mejorar un poco la preparación táctica y jugar en Europa, por ejemplo”, comenta.

Entre los veteranos locales el serbio menciona la clase de Omar “Pollo” Chávez, el eterno capitán del Morelia, y Eduardo “Lalo” Rodríguez, campeón en México con el Morelia. Entre los más jóvenes se siente impresionado por Mario Hernández, compañero de equipo en Morelia y Costa Guerrero, y por el hábil Antonio Aguilar, el Atlético Nacional. “Hay muchos buenos jugadores pero quiero darles crédito a algunos de estos jóvenes”.

Tras su larga trayectoria en Europa y Estados Unidos, Zebic piensa que de a poco el fútbol va a ir cediendo paso a la vida familiar junto a su hija Mia y su esposa Tanja, una anestesista serbia a quien conoció en Chicago de una manera casual: vivía un piso arriba de su departamento y ambos se encontraron en un elevador.

“Cuando terminé de estudiar aquí en la universidad, empecé a dedicar más tiempo a mi familia. Ahora sólo dedico los sábados para el fútbol. En el indoor juego para el Costa Guerrero (en Villa Park) y para el Celaya (en Dolton). Si se dan los horarios, juego para los dos y si los partidos se superponen, juego para uno solo”, comenta. “Espero poder jugar un par de años más en estas ligas al más alto nivel. Después jugaré en otras ligas con mis amigos”.