Muchos de los que crecimos en Latinoamérica sin poder asistir a grandes conciertos de rock recordamos haber visto por televisión a Ozzy Osbourne mientras le tiraba baldazos de agua a la multitud del primer Rock In Rio, realizado en 1985. Yo era un adolescente al que le encantaba ya su música, pero no pude evitar pensar en lo innecesario de la práctica y en imaginarme lo incómodo que podría resultar el baño imprevisto.
Tuvieron que pasar casi treinta años para que reviviera la experiencia en carne propia y, además, para que me enterara de que el bendito Príncipe de las Tinieblas no se conforma con lanzar agua sacada del fregadero, sino que reduce radicalmente su temperatura con cubos de hielo. Y lo supe porque tuve la mala fortuna de cruzarme con la trayectoria de uno de esos baldes mientras tomábamos las fotos que adornan esta nota.
En ese momento, no miraba al cantante, ya que mi cámara apuntaba hacia otro integrante de la banda, por lo que el impacto me tomó completamente desprevenido, mientras tiraba mis anteojos al suelo, me mojaba casi por completo y, por suerte, alcanzaba sólo de manera indirecta al aparato fotográfico. Tras reponerme y entender lo que había pasado, miré sorprendido a Ozzy, cuyo rostro estaba visiblemente apenado, y que movió con intensidad los labios para pronunciar una frase que pareció decir algo semejante a “Lo siento; no te vi”.
En ese momento, toda mi rabia se evaporó y le sonreí agradecido, porque, francamente, he venido escuchando su música desde que tengo uso de razón, y lo que se presentaba esa noche ante mis ojos era el fruto más trascendente de su creatividad: la legendaria banda Black Sabbath, con casi toda su formación original. En esas circunstancias, ser mojado por un tipo así puede llegar a ser un honor o, al menos, un acto digno de rápido perdón; pero eso no quiere decir que se le pueda perdonar todo al señor Osbourne.
Como ha venido ocurriendo aparentemente en varias de las presentaciones de la gira actual, Ozzy no cantó precisamente bien, y sus gallos resultaron evidentes en más de una ocasión. Pero lo cierto es que nunca fue un vocalista notable, y además de que muchas de las canciones que cantó son himnos totales para varias generaciones de metaleros, posee uno de esos carismas gigantescos que son tan necesarios para que un espectáculo musical de este tipo funcione.
Además, si al hombre se le va la nota, no pasa lo mismo con sus acompañantes, empezando por el guitarrista Tony Iommi y el bajista Geezer Butler, que son también verdaderos iconos del rock. El caso de Iommi es actualmente el más interesante, porque hace unos meses, justo después de que se anunciara la reunión de Sabbath, fue diagnosticado con un cáncer del que todavía no se ha librado; eso, sumado al hecho de que sigue siendo uno de los guitarristas más brillantes en toda la historia del rock, fue suficiente para que la multitud lo recibiera como un héroe.
Por su lado, Butler se mostró mucho más calmado y hasta indiferente; pero su interpretación de las cuatro cuerdas fue tan sólida como siempre, y cualquier seguidor del grupo sabe que ha sido el compositor de casi todas sus letras. El cuadro de este tour ha sido completado con el joven Tommy Clufetos, integrante de la banda solista de Ozzy, quien tiene el nada sencillo reto de reemplazar al extrañado Bill Ward, y que lo hizo de maravilla, pese a que el largo y vistoso solo que ofreció hacia la mitad del set nos pareció demasiado.
Durante la reunión previa de Sabbath, que se dio entre 1997 y el 2006 y que sí contó con la presencia de Ward (aunque de modo parcial), el conjunto tuvo ya que prescindir de las canciones cuyas partes cantadas eran demasiado altas; por ese lado, este reencuentro no tiene ninguna sorpresa, lo que quiere decir que no se escuchará súbitamente en el escenario a “Symptom of the Universe”, “Sabbath Bloody Sabbath” ni “Hole In the Sky”.
Pero la diferencia es que Sabbath acaba de grabar su primer álbum con Ozzy en 35 años (se llama “13”), y aunque éste no es una obra maestra (tiene más el estilo lento de lo que se hizo con el fallecido vocalista Ronnie James Dio), posee varias canciones rescatables que están siendo incorporadas a los conciertos, como es el caso de “God is God?”, una larga y pesadísima pieza (tómenlo como quieran) que contiene algunos de los mejores riffs que el gran Iommi ha hecho en mucho tiempo.