En 2005, cuando
se consagró campeón del mundo en el torneo para menores de 17 años, el conocido locutor mexicano Fernando Schwartz admitió que siempre había pensado que se iba a morir sin ver a su país como campeón mundial.
Hoy Schwartz puede estar seguro de que algún día va a morir con la satisfacción de haber visto a México dos veces campeón mundial juvenil y una vez campeón olímpico.
Dichas consagraciones han sido algunas piezas de un lógico proceso histórico.
Para muchos mexicanos, el fútbol de su país se ha mantenido estancado durante varias décadas. Como ejemplo citan la constante eliminación en el cuarto partido de cada Mundial para mayores y la eterna maldición del famoso “quinto partido”.
Esos mismos hinchas aztecas deberían mirar hacia atrás para comprender que el fútbol de su país ha evolucionado mucho más de lo que ellos piensan. Como claros ejemplos están los lejanos Mundiales de 1974 y 1978. Para el primero México fue eliminado por el humilde Haití en la recordada “debacle de Puerto Príncipe” tras la ronda eliminatoria jugada en la capital de ese país del Caribe. Del Mundial ’78 habría que recordar algunos resultados desastrosos. México fue último en su grupo tras caer con Túnez por 3-1 (los africanos nunca se habían destacado en los Mundiales hasta ese entonces) y más tarde fueron aplastados por Alemania por 6-0.
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Es poco probable que México sufra resultados de ese tipo en estos días. Y esa es la mejor prueba de su evolución.
Es cierto que los aztecas fueron subcampeones mundiales de una especie de Mundial Sub 20 jugado en 1977. Pero dicho torneo careció del aval oficial de la FIFA y representó además un hecho aislado. Lo cierto es que después -y por varias décadas- los mexicanos no se destacaron a nivel mundial.
Recién en la última década México consiguió algunos resultados históricos. La selección Sub 17 ganó los Mundiales de 2005 y 2011, y este año los aztecas ganaron el Torneo de las Esperanzas en Toulon (Francia) y los
Juegos Olímpicos de Londres 2012
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Algunos países necesitaron de generaciones doradas para conseguir los éxitos que siempre buscaron. España había ganado una Eurocopa (1964), un oro olímpico (1992) y un Mundial Sub20 (1999) y recién con la llegada de un grupo de jugadores fabulosos consiguió dominar al mundo en los últimos años en los torneos de mayores. Francia nunca había hecho nada a nivel mundial pero una generación liderada por Zinedine Zidane le alcanzó para ganar un Mundial en 1998.
El éxito suele venir tras un proceso histórico y de la mano de una generación de grandes futbolista. México es mejor hoy que unas décadas atrás. De eso no hay dudas. Y si sigue por este camino quizás Fernando Schwartz pueda festejar más conquistas internacionales.