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Si el nadador americano

Michael Phelps

fuera un país, estaría ubicado en el puesto 41 en el ranking histórico de los

Juegos Olímpicos

. En tres Juegos ha acumulado 22 medallas, 18 de ellas de oro, más que unas 160 naciones en toda la historia desde la creación de los juegos modernos en 1896.

Algunas comparaciones son asombrosas. Por ejemplo, en tres juegos Phelps consiguió tres medallas más que las obtenidas por Puerto Rico, Perú, Costa Rica, Panamá, Ecuador y República Dominicana juntos y a través de 116 años de Juegos Olímpicos de verano. Sus 18 medallas doradas superan por una la marca de Argentina en toda su historia. Otro dato accesorio: hasta el momento hay 80 países que jamás han ganado una medalla olímpica.

Hay otras comparaciones que llaman la atención. Con sus 22 medallas, Phelps acaba de superar a la gimnasta rusa Larisa Latynina, que obtuvo 18 preseas entre 1956 y 1964. Muchas otras leyendas olímpicas ya han quedado muy lejos de la producción del nadador americano. Carl Lewis ganó “apenas” 10 medallas en atletismo entre 1984 y 1992, y la gimnasta rumana Nadia Comeneci se llevó “sólo” nueve preseas entre 1976 y 1980.

Es cierto que las comparaciones son injustas porque la natación otorga varias medallas por día y otros deportes como el fútbol o el básquetbol dan una por cada juego. Pero ganar ocho medallas de oro (la proeza de Phelps en Beijing 2008) no es cosa de todos los días.

De niño, Phelps fue diagnosticado con un déficit de atención con hiperactividad. Entonces era uno de esos típicos estudiantes que triplican en energía a sus compañeritos y aterrorizan a los maestros con sus diabluras. Por esa razón le recetaron la natación, para que pudiera descargar allí su excesiva energía. El resto es conocido: su entrenador Bob Bowman lo programó desde los 10 años hasta convertirlo en una máquina de arrasar en el agua. Se dice que entrena cinco horas por día y consume cantidades descomunales de pasta y pizza y unas 7,000 calorías, unas tres o cuatro veces más que un ser humano normal.

Es que Phelps no es un ser humano normal por varias razones. Parece moverse mejor en el agua y a los 27 años acaba de retirarse extraoficialmente para ver si algún día alguien se anima a intentar igualar sus records.