Cuatro años atrás el fútbol de
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tenía algo en común con el de México: su selección nacional nunca había pasado del famoso quinto partido en un Mundial y muchos españoles pensaban que se morirían sin ser campeones mundiales.
Durante años se había hablado de la “furia española”, un estilo de juego caracterizado por el despliegue físico y poco atractivo estético. Los únicos momentos de gloria para el fútbol español databan de años luz, que hoy pueden apreciarse en viejísimas fotos en blanco y negro. La selección roja había sido cuarta en el Mundial de 1950, aquel del “Maracanazo”, tras disputar el cuadrangular final en un torneo que no tenía formato de final, semifinal y “quinto partido”. En 1964 los españoles habían sido campeones de la Eurocopa con un gol agónico de Marcelino en la final frente a la Unión Soviética ante el legendario Lev Yashin, la famosa “Araña Negra”.
Pero algunas cosas comenzaron a cambiar en las últimas décadas a nivel juvenil. En Barcelona ’92 los españoles fueron campeones olímpicos el mismo día de la consagración del Dream Team de Michael Jordan y Magic Johnson y siete años más tarde se consagraron campeones mundiales en la categoría Sub 20.
La selección mayor, sin embargo, seguía en deuda con sus hinchas hasta que dio el primer gran golpe en la Eurocopa de 2008 tras dejar a tras a dos sombras negras, Italia en los cuartos de final por penales y Alemania por 1 a 0 en la final. El resto es historia conocida. Con el título mundial de 2010 en Sudáfrica y el triunfo en la
unos días atrás, los españoles consiguieron un trío de títulos único en la historia.
Los detractores de siempre le recriminan varias cosas a España. Que gana con lo justo y no golea como otros grandes equipos de la historia. Que su gran mérito está en la defensa (sólo le marcaron seis goles en 19 partidos durante este triplete histórico) y no en su ataque. Que tiene la pelota todo el tiempo y anota pocos goles. Que aburre verla jugar, como comentó el alemán Philipp Lahm. Que “tiene mucho amor pero le falta sexo”, como dijo Bixente Lizarazu, campeón mundial con Francia en 1998, refiriéndose a su escasez goleadora.
Es cierto que esta España no es como la Hungría de Ferenc Puskas en los ’50, que derrotó a Inglaterra por 6-3 y 7-1 y a Alemania, su verdugo en la final del Mundial ’54, por 8-3. Tampoco es como Brasil del ’70, que goleaba con un fútbol maravilloso creado por cinco hombres que jugaban como número 10 en sus clubes. A diferencia de aquellos grandes equipos, 11 de las 17 victorias de España en el Mundial y las dos últimas Eurocopas fueron por la mínima diferencia (1-0 y 2-1) o por penales.
Pero también es cierto que estos son otros tiempos, con más marca y muy pocos goles. Con respecto a la frase de Lizarazu, cabe decir que a veces los españoles pueden tener sexo hasta cuatro veces por día, como ocurrió el domingo pasado ante Italia. Y una cosa está clara: la furia ha dado paso a un fútbol más artístico, ejecutado en forma brillante por Xavi,
y compañía.