A fines del año pasado
, receptor abierto de los
, fue golpeado por Anthony Hargrove en un partido contra Seattle y debió ser operado para estabilizar su columna vertebral. Es probable que Knox pierda gran parte de la próxima temporada como consecuencia de esa acción. Por su parte, Hargrove seguirá cobrando este año su salario de $825,000 por su trabajo, que básicamente consiste en controlar y, si es posible, golpear a jugadores rivales para tratar de sacarlos de las canchas.
Hay muchos otros jugadores de fútbol americano que cobran millones de dólares por temporada por golpear a sus oponentes. Ray Lewis, uno de los mejores jugadores defensivos de la última década, va a recibir $10.8 millones por los próximos dos años. “Recuerdo los buenos tiempos, cuando hacía explotar a Eddie George (ex jugador de varios equipos) con un buen golpe… el trabajo de un linebacker es noquear a los running backs y a los receptores”, dijo Lewis una vez.
“Sacarlos (a los jugadores claves) del juego es la realidad del fútbol americano, eso es lo salvaje y la esencia del fútbol americano”, comentó otra vez Lawrence Taylor, considerado por muchos el mejor jugador defensivo de la historia.
Nunca nadie se sonrojó por comentarios de ese tipo. Por el contrario, jugadores como Lewis y Taylor fueron siempre admirados por la afición en este país. Está muy claro que siempre cobraron -y muy bien- por destruir oponentes. Por eso resulta difícil comprender el escándalo actual de la
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y la suspensión de cuatro ex jugadores o actuales integrantes de los Saints de Nueva Orleans, junto con algunos entrenadores, por desarrollar un esquema que incentivaba con premios extras a los jugadores para lesionar a rivales.
La realidad de la NFL es muy simple: una parte de cada equipo (la ofensiva) se dedica a crear mientras que la otra parte (la defensiva) se ocupa a destruir. Destruir, en la NFL, significa golpear y, si es posible, lesionar cuantos rivales sea posible.
En boxeo ocurre algo similar. Un púgil abre un corte en la cara de su rival y luego se dedica a seguir golpeando el área afectada. Sería ridículo condenar a un boxeador por lesionar a un rival porque en eso consiste su deporte.
Si nunca nadie se escandalizó por frases como las de Lewis o Taylor, ¿a qué viene entonces el escándalo actual con los Saints? Quizás lo errado es precisamente la esencia del fútbol americano, un deporte creado con la intención de imitar una guerra entre dos bandos.
Lo que no se entiende es la hipocresía. O cambian el fútbol americano completamente y dejan de admirar a las bestias que viven para lesionar rivales o continúan con la filosofía del “vale todo”, como hasta ahora. Pero no sean hipócritas ni se escandalicen porque alguien recibió un premio por lesionar a un rival. ¿Acaso no se trata de eso?