
Cada vez que paso por la autopista I-94 que corre al costado del estadio de los
, el US Cellular Field, miro el enorme cartel de la tribuna este y leo: “La casa de los campeones mundiales de 2005”.
Y siempre pienso lo mismo: ¡Qué exagerados son estos americanos!
Con todo el respeto y admiración que merece aquel equipo de los White Sox que ganó esa Serie Mundial, lo correcto sería: “La casa de los campeones nacionales de 2005”.
Lo mismo ocurre en este país con los campeones de la NBA y la NFL. Sus ganadores son considerados los campeones del mundo. Jamás se va a escuchar que Dallas Mavericks o los Giants, actuales titulares de esas ligas, son los campeones de Estados Unidos.
El argumento es siempre el mismo. Es que se trata del mejor béisbol, baloncesto o football del mundo. Pero la realidad no lo demuestra, al menos completamente. Con la seguridad de ser los mejores y con un Dream Team en la cancha, los americanos no fueron campeones olímpicos o mundiales en 2004 y 2006 y ni siquiera estuvieron en esas finales. Recién en los Juegos Olímpicos y el Mundial de 2008 y 2010 mostraron su supremacía.
Con la seguridad de ser los mejores del mundo organizaron el Clásico Mundial de Béisbol en 2006 y ni siquiera terminaron entre los cuatro primeros. Tres años después volvieron a organizarlo y apenas alcanzaron el cuarto puesto. Y no vengan con eso de que no llevaron a los mejores porque no es cierto.
Es cierto que la NBA, NFL y MLB son las ligas más poderosas del planeta en cada uno de sus deportes. Pero eso no debería adjudicar a sus campeones el mote de campeones mundiales. Si el resto del mundo aplicara la misma lógica, el campeón de sumo en Japón debería ser considerado campeón mundial al igual que el campeón de polo en Argentina. Tanto el sumo como el polo se practican casi exclusivamente en esos países y nadie es capaz de vencer a japoneses y argentinos en esas disciplinas. Sin embargo, sus campeones son siempre considerados “nacionales”, como debe ser, en lugar de “mundiales”.
Hay muchos otros ejemplos de esta forma omnipotente de ver la vida por parte de los americanos. En este país se repite como un hecho científicamente comprobado que “no hay nada más difícil que pegarle a una pelota de béisbol”. Claro, el béisbol es un deporte típicamente americano… Pero la realidad indica que hay pocas cosas más difíciles que convertir un gol en fútbol. Si tienen alguna duda, comparen los hits o jonrones con los goles de cada fin de semana.
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Varias décadas atrás el cantante español Nino Bravo inmortalizó una canción cuyas estrofas decían “cuando Dios hizo el Edén pensó en América”. Si un americano hubiese creado esa canción para sus compatriotas, la letra seguramente diría “cuando Dios hizo el Edén pensó en nosotros”.