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David López es un conocido jugador de las ligas de

fútbol amateur de Chicago

pero nadie sabe su nombre. Para todos es simplemente “El Greñas”. El caso de este ex jugador juvenil de las Chivas en México es típico del fútbol amateur de Chicago. Todos se conocen por sus apodos pero muy pocos saben los verdaderos nombres de sus compañeros y rivales.

Uno de los mejores arqueros locales es “La Chata” González. Su hermano menor, también arquero, es “La Chatita” González. Otro portero mexicano local, que ataja para el club alemán Schwaben, es “La Rata” Pérez. Pero el arquero que supera a todos por la originalidad de su sobrenombre es “McGiver” Ochoa.

La costumbre viene de otros tiempos. Al argentino Patricio Margetic, uno de los mejores futbolistas que han jugado en Chicago unas décadas atrás, nadie lo llamaba por su nombre. Para todos era “Magic Man” o simplemente “Pato”. Dos profesionales que jugaban aquí en indoor unos años atrás eran el también argentino

Daniel “El Monstruo” Sementuch

y el yugoslavo Drago Dumbovic, también conocido como “Freddy Kruger”.

La tradición de los apodos continúa afuera de las canchas. Un entrenador local es conocido como “Poncho” a secas, sin nombre ni apellido. Uno de los organizadores de la United Soccer Association de Aurora es “Flaco” y todos desconocen su apellido. La máquina grabadora de su teléfono celular responde lo siguiente en inglés: “Hi, you reached Flaco, you can leave a message…”.

Hay apodos previsibles o “normales” -porque coinciden con el nombre- como Eduardo “Lalo” Rodríguez, Gregorio “Goyo” Guzmán o Jesús “Jesse” Herrera. Hay sobrenombres de animales (la “Araña” Correa, el “Pollo” Chávez), algunos relacionados con la apariencia física (“Pecas” Jiménez y “Pecas” Pérez) y otros más sofisticados (el “Pigüi” Ortega, Víctor “Chicles” Trujillo). Hay quienes recibieron sobrenombres por su estilo de juego, como “Cannavaro”, un defensa de CLASA, y otros como un tal “Tinieblas” que causan miedo con sus apodos.

A veces ocurren casos extraños con los apodos. Tal es el caso de “Chapo”, un gran futbolista local de origen africano que jugó en Francia con los juveniles del Olympique de Marsella. Muchos creen que ese es su apodo y el propio jugador, acostumbrado a jugar con mexicanos, se presenta a sí mismo como “Chapo Guzmán”. Pero la realidad es otra: este jugador senegalés se llama Tchapo de apellido.

Este fin de semana el “Japo” Cárdenas, “Huicho” Arias y seguramente algún “Chava” andarán corriendo tras una pelota en las canchas locales. Todos los conocen pero casi nadie sabe sus verdaderos nombres.