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Si

Lionel Messi

no hubiera fallado su penal y el balón no hubiera rebotado en los palos de la portería del Chelsea cuatro veces en dos partidos, el mundo del fútbol estaría hoy hablando de la superioridad del

Barcelona

y su vigencia como uno de los mejores equipos de la historia.

Pero la pelota no entró en momentos claves y hoy se habla del fin de un ciclo y de la necesidad de una renovación en el Barca.

Así es el fútbol. Se opina en base a resultados y no se observa nada más. Cuauhtémoc Blanco dijo el martes que el Chelsea mereció eliminar al Barcelona y otros opinaron que los ingleses supieron manejar ese partido y el resultado. Pero la realidad indica que los ingleses fueron completamente superados en remates al arco (22 contra 7) y tiros de esquina (10 a 1). Más que controlar el partido, eso suena más a pararse debajo del arco y rezar para que la fortuna los acompañe, algo que finalmente ocurrió para el club londinense.

Es fácil imaginar el comentario del Cuau si los culés hubieran embocado algún gol más: “El Barcelona controló el juego y el resultado”.

Es cierto que el Barcelona no mostró variantes y murió con la suya ante el Chelsea. Los catalanes extrañaron a un verdadero “9 de área” como sus ex estrellas Samuel Eto o Ibrahimovic o incluso el actualmente lesionado David Villa. Pero tampoco es como para anunciar que se cumplió la profecía maya. El Barca sólo tuvo una semana nefasta, con bastante mala suerte, en tres partidos que dominó casi completamente.

Un párrafo aparte merece Messi, quien finalmente demostró ser humano y no consiguió anotar frente a Real Madrid y el Chelsea. Después de cumplir su séptimo año como futbolista profesional, La Pulga se tomó una semana libre y descansó.