Aunque es uno de los grandes favoritos de los críticos estadounidenses y goza de renombre internacional, Wilco no tiene aparentemente las cartas aseguradas cuando se trata de audiencias ajenas a la cultura que representa. Es, en teoría, una banda capaz de rockear como las mejores, pero que se mantiene normalmente en terrenos mucho más plácidos (lo que puede hacer que algunos la acusen de tibia), y apela además generosamente a ciertas corrientes del folklore local que no resultan accesibles para todos.
Pero es también un grupo que, al menos en estas latitudes, despierta un verdadero entusiasmo, como lo probó la multitud que llenó por completo las amplias instalaciones del Hollywood Palladium durante la noche de ayer, a pesar de que Wilco tiene dos conciertos más en la zona, el de esta noche en el Wiltern y el de mañana en Los Angeles Theatre. Para la audiencia mayormente anglosajona que se reunió en el Palladium, y que era bastante joven, la eventual falta de contundencia de su banda favorita parece ser en realidad una virtud, porque hace que la audición no resulte demasiado complicada.
Esto no quiere decir que Wilco no pueda asumir a veces aires muy ruidosos, como lo dijimos en el primer párrafo. De hecho, ya en el segundo tema de la noche, “I Might”, sus integrantes habían empezado a dar síntomas de poderío, y el tercero, “Bull Black Nova”, se coronó con la presencia de tres guitarras eléctricas que ‘soleaban’ a veces de manera simultánea.
Una de ellas se encontraba en manos de Jeff Tweedy, líder indiscutible del grupo y uno de los dos supervivientes de la alineación original de 1994 (el otro es el bajista John Stirratt). Por lo que se vio en el escenario, y en desmedro de sus frecuentes coqueteos con las grandes disqueras, Tweedy entra perfectamente en el esquema que se puede esperar de un cantautor ‘indie’, ya que tiene un ‘look’ desgarbado pero atractivo, se nota que se siente cómodo en el escenario pero no se mueve demasiado, y cuando habla, cuenta unas bromas que lo mantienen firmemente anclado en el universo ‘nerd’ (en un momento dado, por ejemplo, contó que Sammy Hagar le acababa de decir que nunca lo había escuchado pronunciar la palabra ‘pussy’ en un concierto, por lo que había decidido ‘quebrar la maldición’ y la gritó dos veces).
Musicalmente, la tendencia ‘indie’ se evidencia en la elaboración de unas canciones que son a veces muy largas y se nutren de escuelas diversas, pero que no suelen tener estribillos memorables; curiosamente, las líneas melódicas más pegajosas de Wilco no provienen de la garganta de Tweedy (quien posee un registro agradable pero limitado), sino de sus guitarras eléctricas, como fue el caso de “Born Alone” y de “Impossible Germany”, una de sus mejores composiciones. En ese sentido, hay que agradecer particularmente los aportes de Nels Cline, un maestro de las seis cuerdas que apela a influencias del jazz, del punk y del folklore para desgranar unos solos que resultan tan originales como sofisticado.
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En sus primeros discos, Wilco dependía todavía mucho del ‘country rock’ de Uncle Tupelo, la banda anterior de algunos de sus integrantes; pero Tweedy trabajó esforzadamente para salirse del rubro y brindarle aires más experimentales al nuevo proyecto, hasta el punto de que se le empezó a definir como “el Radiohead estadounidense”.
No estamos seguros de que la descripción resulte acertada, pero de lo que sí estamos seguros es de que Wilco es una verdadera caja de sorpresas; no gozamos realmente de todos sus temas (“Kamera” nos sonó demasiado ligero e intrascendente, por citar uno), pero apreciamos con beneplácito el insólito modo en que transformaron unas canciones que empezaban de manera acústica y lenta en explosiones eléctricas de tinte psicodélico. Aunque el recinto estaba repleto y era difícil observar claramente a los músicos desde la zona de acceso general, al momento de tomar las fotografías destinadas a este artículo pudimos notar que, además de asumir una tendencia que los relaciona con Television, los guitarristas del combo de Chicago tienen aparatos de ‘loops’ que les permiten fabricar toda clase de sonidos extravagantes.
Como ya dijimos, Wilco no suele distinguirse por sus melodías vocales; pero no estamos seguros de que Tweety no sea capaz de crearlas o que haya preferido simplemente evitarlas en la mayoría de los casos, porque demostró buena fortuna en esos predios cuando presentó la muy pegajosa “I Must Be High” y cuando arremetió con “Outtasite (Outta Mind)”, la canción más rocanrolera de toda la velada y la que le sirvió oficialmente para clausurar el espectáculo, aunque regresó minutos después para ofrecer un ‘bis’ compuesto por “The Lonely One”, una pieza que, esta vez, sí se mostró muy tranquila y deudora del ‘country’.