Getting your Trinity Audio player ready...

Es posible unir a las familias a través del fútbol y la Fundación CRECE de Chicago, que posee varios equipos de

fútbol amateur

de niños, padres y madres, es un claro ejemplo de ello.

Abrumado por las dificultades de la vida, Jorge Linares comenzó años atrás a participar en reuniones de padres de la organización Head Start, dedicada a la educación preescolar. Linares, originario de la Ciudad de México, representaba a Chicago en los concilios escolares de dicha organización.

Linares dice que hoy es mejor como padre como consecuencia de dicha experiencia. “Empecé a involucrarme con mis tres hijas, comencé a aprender a ser mejor padre y a transmitir mi experiencia a través del fútbol”, indica.

El año pasado Linares recibió el premio al padre del año de parte de Head Start y comenzó a darle un sentido distinto a su vida. El resultado fue la creación de la Fundación CRECE, que se inició en mayo pasado y hoy opera con un edificio en la calle Cermak y participa con varios equipos en torneos de fútbol.

“A veces la tecnología nos aleja y no nos entendemos con nuestros hijos”, agrega Humberto Nava, director ejecutivo de la fundación. “Nosotros queríamos buscar algo que nos acerque y eso lo conseguimos a través del fútbol”. Con el deporte como excusa, padres, madres y niños comparten una actividad y reciben además apoyo de CRECE en diversos temas.

La fundación cuenta con equipos de hombres, mujeres y niños. Los más pequeños juegan la temporada de invierno en la Liga de las Estrellas de Chicago Indoor Sports, en la esquina de Ashland y Pershing, y en la escuela secundaria Kelly. Hay equipos de menores de 5, 6, 7, 8, 10 y 14 años.

Las mujeres son entrenadas por Froilán Ibarra, quien dirige un equipo con una gran variedad de edades pues su jugadora más joven sólo cuenta con 16 años y la más veterana tiene 40.

“Sí saben de fútbol (las mujeres) pero al principio fue difícil”, explica Ibarra. “En agosto fueron campeonas de la Copa Alivio, que se jugó en la YMCA de Blue Island y Western”.

Los hombres involucrados son tantos que hubo necesidad de crear dos equipos que juegan en el invierno en la YMCA. Uno participa en la categoría de veteranos para mayores de 35 años y el otro en la división libre sin límite de edad. Los más jóvenes se consagraron campeones de verano en Western y Blue Island.

Los sábados por las mañanas los más chiquitos hacen sus diabluras con una pelota en las canchas cerradas de Ashland y Pershing. Un ejemplo es Helen, una de las hijas de Linares, una chiquita de siete años que juega de portera en el equipo para menores de ocho años. “Yo me aviento y brinco y eso me divierte”, dice la pequeña. “Yo la cubro a Helen porque juego en la defensa”, comenta Alondra Pascual, estudiante de la escuela Santa Inés y admiradora del ‘Chicharito’ Hernández. Juan Flores, un peligroso delantero de la U8 a quien todos llaman ‘Flaco’, es tan pequeño como veloz y crea innumerables situaciones de gol ante las porterías rivales. “A mí me gusta Oswaldo Sánchez pero juego de delantero porque anoto muchos goles”, comenta el ‘Flaco’, quien asiste a la escuela Liberty.

En el edificio de la calle Cermak, que es rentado por la fundación, se armó una cancha de fútbol para que los niños puedan entrenar durante la semana. Pero el impacto de la fundación va más allá del fútbol y la diversión de los niños. “Mucha gente llega y no sabe tocar las puertas correctas”, comenta Nava. “Nosotros les ayudamos a conectarse y llenar aplicaciones para conseguir servicios”.

La consejería familiar o para parejas también forma parte del plan de CRECE. Un niño cuyo padre fue deportado a México ve hoy a los entrenadores como parte de su familia y su madre reconoce que el equipo de fútbol ha servido para cubrir el vacío familiar. Una pareja que participaba en varios equipos de la fundación recibió consejería matrimonial y consiguió así evitar males mayores.

Mientras los niños practican los días de semana, los padres reciben información en las oficinas de la fundación. Y el desarrollo personal no se olvida para los jugadores de CRECE. A los jovencitos agresivos, que pierden la cabeza en un partido de fútbol y avientan una playera para salirse del equipo, se les da una lección. “En otros equipos los dejan seguir jugando si son buenos jugadores pero a nosotros eso no nos importa”, explica Linares. “Después ellos regresan y piden volver a jugar. Entonces les decimos: Ahora ve y pide disculpas al equipo”.

Es obvio que la fundación CRECE en familia. “Tengo papás e hijos que juegan en nuestros equipos”, continúa Linares. “Más que nada tratamos de que todo esto sea familiar”.

CRECE Foundation

2838 W. Cermak Road, Chicago, Suite 3F

Teléfono: 773-406-0279

Correo electronic:

[email protected]