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Un alumno de la Escuela Preparatoria de Bell está en el hospital recuperándose, después de intentar quitarse la vida.

La razón: “el bullying constante” del que era blanco el estudiante, dijo Hop Tarrant, consejera del grupo Gay and Straight Alliance (GSA), con sede en este plantel escolar y al cual pertenecía el alumno.

Aparentemente, él se había transferido a esta escuela debido a que sufría este mismo acoso e intimidación en su antiguo plantel.

Octubre es el Mes Nacional de Prevención del ‘Bullying’ y el caso del estudiantes de Bell muestra la realidad que enfrentan alumnos en todo el país, donde la apariencia, tendencia sexual, origen étnico o religión puede convertir a cualquiera en blanco de intimidación, acoso, amenaza y hasta de agresión por parte de otros alumnos. Es lo que se conoce en inglés como “bullying” y a su perpetrador como “bully”.

De acuerdo con cifras de bullyingstatistics.org, uno de cada siete estudiantes del primero al doceavo grado ha sido víctima del bullying o es un bully, a nivel nacional. Además, alrededor de 160,000 niños en todo el país dejan de ir a la escuela todos los días debido al miedo a ser víctimas de bullying.

El bullying puede ser verbal, cuando alguien utiliza una palabra insultante contra otro; social, cuando alguien esparce mentiras o rumores sobre otra persona; físico, cuando se agrede con golpes y otro tipo de violencia a la víctima; y ciberbullying , cuando se usa la Internet, teléfonos celulares y las redes sociales para dañar a otros.

Por ser gay

En el sexto grado, Julio Juárez “salió del closet” ante sus compañeros.Desde entonces, afirmó, él sabe lo que es el “bullying,” ya que ha sido acosado por su orientación sexual. “Cuando recuerdo la escuela primaria, la odio”, expresó Juárez, de 17 años y estudiante de la Preparatoria Bell

Cuando no eran insultos en los pasillos de la escuela, eran golpizas o lo ridiculizaban por ser “afeminado”. “En la escuela primaria solía enfrascarme en peleas a puños casi todos los días”, recordó.

Todo eso lo hacía sentir mal. No era raro que llorara al llegar a su casa y no querer ir a la escuela al día siguiente, dijo. “Me hacían sentir que [ser gay] era inapropiado, como que yo era un bicho raro”, agregó.

Las cosas han mejorado ahora que asiste a la preparatoria, aunque no siempre fue así. “El primer año fue [de insultos] cada periodo cuando iba por los pasillos. Me decían de todo. Ahora es una vez a la semana o de vez en cuando”, indicó Juárez, quien es parte de GSA, que cuenta con unos 50 miembros. “[Con el GSA] se ha esparcido mucha tolerancia en la escuela”, acentuó.

Eso y haber asistido el año pasado a su primer desfile de orgullo gay le han mejorado su autoestima, dijo.

“Me di cuenta que no era el único que era así. No permito convertirme en víctima”, manifestó. “Yo creo que los demás ven eso y ya no me molestan tanto”.

Por origen y religión

De descendencia libanes, Alia Tehfi es apenas una de las aproximadamente 35 estudiantes musulmanes que asisten a la Preparatoria Bell, un plantel donde el 98% de los 4,388 alumnos son de origen latino.

Orgullosa de su origen y religión, Tehfi usa un velo que cubre su cabeza, como dicta la tradición islámica. Pero esto le ha valido ser también blanco de bullying.

“Nos dicen terroristas”, dijo la estudiante de 16 años. “No se dan cuenta que somos aterrorizados en nuestro propio país”.

Otras veces, estudiantes o personas en las calles la ven con discriminación o se burlan de ella, aseveró. Hay ocasiones en que mejor se quita el velo para que no le digan nada, afirmó.

En familia

De niña, Verónica Valdez fue víctima del bullying. “Una niña me empezó a insultar porque no hablaba inglés”, dijo Valdez. “Me hostigaba todos los días”

Su hija, de 20 años de edad, también pasó por lo mismo cuando tenía nueve años.

“Había una niña que la molestaba por que decía que [mi hija] se vestía aniñada”, contó la madre de tres hijos. “Ya no quería ir a la escuela. Tenía miedo que le fueran a pegar”.

El acoso contra su hija siguió por semanas hasta que fue golpeada por la otra niña. Entonces, Valdez fue hablar con la madre de la menor y el problema quedo atrás. Pero este apareció una vez más hace un par de meses con su hijo de 12 años de edad.

Por días, Valdez había notado algo raro en John David Ybarra, un niño descrito como inteligente y calmado, quien de repente ya no deseaba ir a la escuela, pero no ofrecía explicación del por qué.

Unas semanas después “J.D.”, como le dicen en su casa, regresó de la escuela golpeado y rasguñado del cuello, la espalda y la cara. Él le contó que tres niños lo retuvieron y su vecino, que lo venía acosando desde hace tiempo, lo golpeo y rasguñó.

Valdez fue a la casa de su vecina para quejarse. Los padres del bully desconocían la situación y la madre lo castigó. Desde entonces, ya no ha atacado a J.D., aunque sigue amedrentándolo de vez en cuando.

“No sé porque me molesta”, dijo J.D. Su mamá cree que puede ser “envidia”, ya que su hijo es popular entre sus compañeros.

Como en el caso de J.D., la mayoría del bullying ocurre sin que los padres o autoridades escolares se den cuenta. Y aunque el 56% de todos los estudiantes han sido testigos del bullying en sus planteles, la mayoría no lo reporta, ya sea por miedo al bully o por que no lo tilden de “bocón”.

“Los niños no lo reportan porque definitivamente hay un miedo [al bully] o piensan que si lo reportan a un adulto que no lo entenderá, será peor después”, dijo Michelle Molina, directora de Peacebuilders, un programa de prevención de la violencia juvenil.

Tarrant, la consejera de GSA en la Preparatoria Bell, sabe esto muy bien.

“No les podemos ayudar a menos que nos digan lo que les pasa”, dijo ella, dirigiéndose a los alumnos en un evento contra el bullying que se realizó en la escuela.

“Se requiere una persona para cambiar la vida de alguien. Ustedes pueden ser esa persona”, dijo a los estudiantes.

Fue el mismo mensaje de Frank Vásquez, el director de la escuela, que pidió a más de un centenar de alumnos y miembros de la comunidad que asistieron al evento reportar los actos de bullying.

“No tengan vergüenza, no tengan miedo. Pudieran estar salvando su vida o la de alguien más”, enfatizó Vásquez.

Algunas señales de víctimas de ‘bullies’:

Llegan a la casa sin piezas de ropa u otras pertenencias.

Reportan haber perdido lápices, joyas o aparatos electrónicos.

Tienen lesiones inexplicables, problemas para dormir y pesadillas frecuentes.

Pierden interés en visitar o hablar con amigos.

Tienen miedo o pierden interés en la escuela.

Empiezan a hablar sobre el suicidio.

Evitan ciertos lugares o amigos.

Fuente: Stopbullying.gov