Todos los días, el Padre Alejandro Solalinde pone en práctica el pasaje bíblico Mateo 25:35 que dice “tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fui migrante y me hospedaron”.
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Fundador del Albergue Hermanos en el Camino, en Ixtepex, Oaxaca, este cura católico de 66 años de edad se ha convertido en un defensor de los migrantes centroamericanos que a diario llegan a ese lugar, en su camino hacia Estados Unidos.
“Nos ha tocado vivir en un tiempo donde las instituciones ya no están respondiendo como deberían. Estamos haciendo las veces de un sensor social de las necesidades de los de abajo”, expresó Solalinde en entrevista telefónica con HOY.
“El evangelio tiene compromisos sociales que llevan al respeto de la persona humana para asegurar la vida de todos los hombres y mujeres”, prosiguió el Padre. “Esto traducido a la práctica significa hacer un poquito de conciencia y [ser] un interlocutor incómodo para la misma Iglesia, Gobierno, que se encuentran desprovistos de la respuesta a la situación”.
Solalinde critica tanto a jerarcas religiosos como a funcionarios del gobierno mexicano y estadounidenses, por la poca o nula atención al sufrimiento de los migrantes.
“Los migrantes son ese signo de los tiempos que nos están enseñando nuestra corrupción, nuestra miseria y la desviación de la Iglesia Católica para cumplir la misión que Cristo le encomendó”, dijo.
“La iglesia debe ser un pueblo migrante que llegue a todos los rincones de la tierra y luche contra todo lo que oprime y esclaviza al hombre”, recalcó.
A su albergue llega un promedio de 4,000 personas al mes. Son mujeres y hombres hambrientos, sedientos y traumados por los peligros del camino. Apenas esta semana, dos jóvenes guatemaltecos, incluyendo a un adolescente de 16 años de edad, fueron atacados con machetes. El muchacho sufrió graves heridas en el cuello.
Hay mujeres que han sido violadas y golpeadas y hombres que han sido asaltados y agredidos en el trayecto. El secuestro no discrimina por razón de género. También hay otras personas que han perdido piernas y brazos, o la vida, en el subir y bajar del tren de carga, o al caerse de este ferrocarril llamado “La Bestia”.
“Ellos [los migrantes centroamericanos] están pasando por un México corruptísimo y violento”, afirmó Solalinde, quien encabezó recientemente una marcha a favor de los migrantes. “Cada vez es más difícil su paso, más cruel, donde sufren la mayor explotación. Antes, nada más les quitaban su dinero, después los golpeaban. Ahora [los asaltantes] llevan machetes y pistolas. Les quitan su dinero y los matan. Para los criminales [los migrantes] son desechables”.
Sin embargo, a medida que incrementan las violaciones contra la población migrante en México, también aumenta el número de organizaciones y activistas que velan por sus derechos y denuncian los abusos contra ellos. Lo que “nos pone en mayor peligro”, advirtió Solalinde, quien dijo que vive constantemente amenazado.
“Estamos operando en la etapa de miedo, pero es más fuerte el cumplimiento de nuestra misión”, afirmó el religioso. “Estamos conscientes de que me podrían matar, pero esto [su labor pro inmigrante] va a seguir porque no es obra mía, es obra de Dios”.
‘Nada los va parar’
Solalinde espera que el flujo de migrantes centroamericanos que pasa por su albergue crezca considerablemente en los próximos meses, ya que en diciembre terminarán posiblemente las reparaciones que se le están haciendo a la vía férrea que fue dañada por el huracán Stan en el 2005.
“Con eso van a poder subir desde Tapachula hasta Ixtepec, se van ahorrar 180 kilometros que antes caminaban a pie”, explicó. “Van a tener que hacer una escala en Tonalá, Chiapas -la primera población donde se abastece el tren. Seguramente ahí va a haber más delincuencia, asaltantes, gente aprovechándose de hermanos migrantes”.
El religioso indicó que ya está haciendo los preparativos necesarios para hacerle frente a este éxodo en su albergue.
Dijo que compraron un terreno de 16,000 metros cuadrados y tendrán que modificar las cocinas. Durante la entrevista con HOY, el sonido de martillazos era escuchado claramente a través del teléfono.
“Tenemos un comedor y un dormitorio de hombres y otro que se está terminando para mujeres”, dijo.
Solalinde no cree que nada va a detener el flujo migratorio hacia Estados Unidos.
“La gente sigue pasando, nada los va parar hasta que el sistema cambie porque el sistema ya tronó”, enfatizó. “No va a parar hasta que haya un sistema que garantice oportunidades y garantice la vida digna de estas personas en sus países”.
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