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Cada lunes, Juan García llega a la iglesia de la Placita Olvera cargando siete veladoras y coloca dos frente al altar de la Virgen de Guadalupe, una ante la imagen del Santo Niño de Atocha y de la Virgen de la Concepción. Seguidamente pone otra vela ante el Cristo Jesús, el Cristo Crucificado y San Judas Tadeo.

“Uno trae la tradición de México, de ponerle veladoras a los santitos para que le vaya bien a uno”, expresó García, jalisciense de 43 años de edad.

Al colocar cada veladora, García se arrodilla, se persigna y dice una breve plegaria en la que pide por el cuidado de sus dos hijos, por el resto de su familia y por el de su auto, ya que él vive en Bakersfield y viaja cada semana a Los Ángeles para trabajar como repartidor.

Esta práctica religiosa le cuesta a García alrededor de 40 dólares al mes, una suma que es considerable cuando el cheque del trabajo no da para mucho.

“A veces alcanzo con ‘pennies’ para comprarlas [las veladoras]. Pero aunque me quede sin comer, las traigo”, manifestó.

Sin embargo, dijo que no le pesa y que, aparte de hacerlo sentirse bien y reconfortado, también cree que es lo que le ayuda a seguir teniendo trabajo.

“A veces cuando salgo de aquí [de la iglesia] me hablan de algún trabajo. Como que se me regresa de ‘volada la feria'”, expresó.

Es esta fe la que mantiene a una industria que anualmente genera 2 mil millones de dólares en ventas, según la Asociación Nacional de Velas, siendo las velas religiosas una de las más populares. La misma asociación indica que las ventas de velas han aumentado entre 10 y 15% cada año, durante la última década.

Uno de los principales fabricantes de velas en el país es Indio Products Wholesale, una fábrica situada en Commerce.

Esta compañía distribuye semanalmente 180,000 velas, a botánicas, tiendas religiosas, supermercados y otros establecimientos alrededor de Estados Unidos, Taiwan, Australia y otros países.

Peter Bakhtiari, dueño de la empresa, dijo que fabrican velas espirituales y esotéricas, siendo la Virgen de Guadalupe y la de la Santa Muerte las que más se venden.

“Antes solía ser algo católico, pero ahora es como una moda”, dijo Bakhtiari. “Los padres trajeron la costumbre, pero ahora la segunda y tercera generación también lo hace. Hay gente que las prende y ni siquiera sabe por qué”.

Bakhtiari indicó además que, en parte, las velas son populares por su bajo costo y el significado de fe que conllevan.

Martin Mayer, consultor de ventas para Indio Products Wholesale, señaló que también han visto un repunte en las ventas de veladoras debido a la situación económica que vive el país.

“Todo el mundo está buscando trabajo y buena salud. Cuando la gente está tratando de sobrellevar momentos difíciles, tienden a comprar velas”, dijo Mayer.

Por ejemplo, agregó que luego del terremoto en Japón, ocurrido a principios de año, notaron un aumento en la venta de velas. “Cuando hay un desastre natural, vendemos muchas velas”, expresó.

Cuestión de fe

Lily Davish, empleada de la Farmacia/Botánica Million Dollar, ubicada en el centro de Los Ángeles, también ha notado este auge en la tienda cada vez que hay un suceso de esa índole, aunque dijo que las velas siempre tienen buena venta. “Es una de las ventas principales”, dijo y estimó que suponen un 70% del total de ventas en la tienda.

En este establecimiento, las velas más vendidas son las de la Santa Muerte, que vienen en un sinnúmero de colores, cada uno con un propósito particular (rojo para el amor, verde para el dinero, etc.).

Davish dijo también que las velas son prevalentes en la cultura latina por su simbolismo de proveer luz a los fallecidos.

“Cuando alguien se muere, le ponen cirios alrededor del ataúd porque dicen que la muerte necesita ver luz para ayudarle a encontrar el camino”, dijo. “Es algo que se transfiere al diario vivir, ya que al necesitar de algo, sentimos que necesitamos que se nos ilumine nuestro camino.

“Una vela te ayuda porque vas a poner tu mente en ese propósito. Tu mente es la que esta trabajando, pero la vela te ayuda a exteriorizar eso que quieres”, explicó.

Cecilia González-Andrieu, catedrática del Departamento de Estudios de Teología en la Universidad Loyola Marymount, dijo que las veladoras son un potente signo de fe y devoción, especialmente en la cultura católica latina.

“Claramente, después del trauma de perder a alguien, son un punto de plegaria humilde ante Dios y un símbolo de recordar al que murió en un proceso de luto”, dijo. “La luz es uno de los símbolos más antiguos para Cristo. Las escrituras a veces se refieren a Jesucristo como ‘la luz del mundo’. Las veladoras, en un ambiente religioso, son un recordatorio de esa luz que es Cristo”.

González-Andrieu añadió que el hecho de que las veladoras vengan acompañadas de una plegaria colocada al reverso de la imagen que contiene, recalca el carácter ritual de encender la vela.

“En la tradición católica, las velas se prenden como un signo de que se está ofreciendo una plegaria, que Dios está presente, que se sienten la fe y la esperanza. Las velas como un signo de fe”, expresó.

Cada vez que puede, Eric Ramírez, de 18 años y quien trabaja en un restaurante, le lleva una veladora a la imagen de la Virgen de Guadalupe en la iglesia de la Placita.”Es una manera de demostrar lo mucho que la amamos”, manifestó. “Es un agradecimiento a Dios porque nos cuida y nos da salud”.