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Cualquiera que ganara 750,000 dólares en un sorteo de la lotería se consideraría una persona con suerte. Pero aunque la dama de la fortuna parece haberle sonreído al inmigrante guatemalteco, José Antonio Cua-Toc, ahora parece burlarse de su suerte.

A finales del año pasado Cua-Toc, de 25 años, compró un boleto de lotería cerca de la ciudad de Macon, Georgia, pero temiendo por su estatus migratorio y por desconocer los trámites, no quiso cobrarlo. Pidió a un amigo que lo hiciera, pero al final, otra persona lo hizo. Su empleador, Erick Cervantes, afirma que él le dio el dinero a Cua-Toc para que comprara el boleto.

Cervantes luego acusó a Cua-Toc de amenazar de muerte a su familia, lo que provocó su arresto y eventual proceso de deportación. El guatemalteco firmó una salida voluntaria con fecha del 6 de septiembre que ahora su abogado intenta detener.

Cua-Toc demandó a Cervantes por supuestamente haberse robado los 750,000. Un juez ha congelado los fondos hasta que un juicio decida quién es el verdadero dueño del boleto en disputa.

“Él está desesperado. Lo que quiere es que un juez escuche el caso. Que le permitan presentar su evidencia que él se lo ganó”, dijo en entrevista telefónica Julio Moreno, abogado de Cua-Toc.

Moreno dijo que ha solicitado un “deferred action” para Cua-Toc. Bajo esta medida, Cua-Toc admite que tiene una orden de deportación válida, pero pide se le permita salir de la cárcel con fianza y permanecer en el país bajo supervisión, mientras se resuelve el caso del boleto de lotería.

Admite que las probabilidades de obtener dicho “favor” migratorio son limitadas, pero es la última esperanza para el guatemalteco que llegó a los Estados Unidos hace diez años y que desde entonces ha laborado en trabajos de construcción y pintura.

Moreno dijo creer en la versión de los hechos de su cliente sobre el boleto de lotería.

“No solamente es la palabra de él, hay testigos, hay videos donde se le ve entrar, comprar el boleto y después entra a la tienda y se le ve celebrando”, indicó Moreno.

Dijo que no cobró el boleto por miedo de su estatus migratorio, por no hablar inglés y desconocer las leyes de este país.

“Cua-Toc llamó a Salvador (Ramírez, un amigo suyo). Pero el señor Cervantes ofreció llevarlo y cobró el boleto mientras Tony (Cua-Toc) estaba afuera”, dijo Moreno.

“Cervantes lo agarró [el boleto] y entró sin permiso y luego salió diciendo que el día siguiente iban a recoger el cheque”, añadió Moreno.

Pero Cervantes nunca más apareció y cobró el cheque, comprando algunos autos y usando cierta parte del dinero.

Según Moreno, Cua-Toc admite que al darse cuenta de esto, lo “llamo varias veces para intentar recuperar su dinero, pero nunca lo amenazó”. Dijo que tampoco hay grabaciones, ni mensajes de texto que avalen estas supuestas amenazas.

Para el abogado, Cervantes ha cambiado su historia en varias ocasiones.

“En la primera historia, dijo que le había dado 10 dólares para comprar el boleto. Más reciente dijo que le había dicho que le iba a dar dinero por haberlo comprado, como buena fe. Después hay otra historia que se iban a dividir el dinero”, detalló.

Aunque Cua-Toc fuera deportado, el caso civil continuaría, pero Moreno dijo que sería más difícil de ganar, pues el principal testigo no estaría presente.

Moreno dijo que también considera injusta la deportación de Cua-Toc, pues de no haber sido por la denuncia de supuestas amenazas, la policía nunca habría arrestado a su cliente.

“Eso no fue inmigración que inició el caso. El [Cervantes] fue quien inventó esto”, dijo Moreno.

Sin embargo, Kelly Burke, abogado de Cervantes, enfatizó que esas amenazas no fueron inventadas y recalcó que el dinero le pertenece a su cliente, pues fue él quien dio 10 dólares a Cua-Toc para comprarlo.

“El hecho es que el boleto era de Cervantes. Cua-Toc sólo recogió el boleto, pero Cervantes pagó los impuestos del boleto y por el boleto”, acentuó.

Dijo además que Cervantes no tiene nada que ver con el caso de deportación de Cua-Toc, pues esté último, un criminal convicto, “hizo amenazas contra la familia de Cervantes que lo iba a matar a él, a su esposa y a sus hijos”.

Añadió también que si el boleto era de Cua-Toc, como él afirma, él pudo haberlo cobrado y pagado los impuestos.

“Él sabía que ese no era el caso y por eso hizo lo correcto entonces”, dijo.

“Después, cuando vio el boleto como un camino a la legalización en este país, es cuando se convirtió en algo importante para él”, dijo Burke.