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player ready...Como cualquier otro día, Lucrecia Rojas llegó ese 11 de septiembre del 2001 a las 7 de la mañana a la tienda de perfumes “Milano Perfumería”, que se ubicaba en el primer nivel del edificio norte de las Torres Gemelas. El negocio era propiedad de una prima suya, pero ella era la gerente.
A las 8:46, llegó el estruendo que cambiaría la vida de Rojas.
“Fue una explosión terrible”, recordó la mujer.
La gente gritaba “es una bomba”, el temor se esparció por todo el edificio y los empleados se abalanzaban en busca de la salida más cercana.
En tiempos normales, Rojas llegaba a esa salida en cinco minutos, pero entre la muchedumbre y el caos le tomó 15.
Cuando salió a la calle, se encontró con una escena que le provocó un shock.
“Había pedazos de gente en el suelo,” dijo.
Un hombre que cayó frente a ella invadió sus sueños por más de un año.
“Nunca soltó el maletín. Fue como un pedazo de cristal [al caer al suelo]”, dijo.”Los seres humanos se creen tan fuertes y son bien frágiles”, agregó.
“No sabíamos del avión que se había estrellado ahí, nada más sabía que tenía que correr”, relató.
Tiempo después, entre el caos, escuchó el ruido ensordecedor de las dos torres que se derrumbaban después del impacto de los aviones.
“Pasó mucho tiempo para que mi oído pudiera escuchar normalmente”, dijo.
De ahí, camino todo el día hasta su casa en el Bronx, donde sus dos hijos la esperaban sin saber si estaba viva o muerta.
Este era el segundo atentado terrorista que sobrevivía Rojas en el World Trade Center, donde había laborado por 17 años. Ya en 1993, la misma red terrorista al-Qaeda había detonado un coche bomba en ese mismo lugar, cobrando la vida de seis personas.
Afectada por todo lo que había experimentado, Rojas tomó a sus hijos y se los llevó al aeropuerto tan pronto los reabrieron.
“Yo lo único que quería era regresarme a República Dominicana”, dijo. “Estaba tan desesperada que ni siquiera me di cuenta que tenía que comprar un boleto de ida y vuelta para mis hijos, que son ciudadanos. Llegué al mostrador y me faltaban 100 dólares para completar el pasaje y le dije a la señorita que era sobreviviente de los atentados del World Trade Center y quería irme y un señor me pagó lo que me faltaba”.
Duró tres meses en su país y regresó a Nueva York, donde se encontró sin un hogar y con numerosas deudas, ya que básicamente se fue con lo que llevaba puesto.
La Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA) y la Cruz Roja le ayudaron a conseguir un lugar donde vivir y a pagar la renta, así como terapia psicológica para ella y sus hijos. En total, Rojas dijo que recibió alrededor de 25,000 dólares en ayuda gubernamental y de otras agencias privadas. Incluso hoy en día, aún le pagan parte de su renta o el total de ésta, si es que se encuentra desempleada, sólo por el hecho de ser una sobreviviente del ataque.
Y una aparente sobreviviente de otros incidentes, ya que por esas cosas inexplicables, el avión en que Rojas regresó a Nueva York procedente de República Dominicana, se estrelló un día después en el área de Queens, Nueva York, matando a 265 personas.
“Me estaba haciendo daño la ciudad”
El trauma de lo vivido el 11 de septiembre ha hecho que Rojas no pueda vivir más en Nueva York.
“Ya no quiero estar donde hay edificios grandes”, dijo. “Cada vez que estoy allá es revivir lo mismo que pasé, es un estrés psicológico”.
Ha regresado en tres ocasiones a la Zona Cero, como se conoce ahora el lugar donde estaban las Torres Gemelas, y no puede estar mucho tiempo ahí.
“Me pongo a llorar y me da un dolor de cabeza que me dura dos meses”, dijo. “Fue terrible. Es algo que te marca para toda la vida”.
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“Solo empiezo a recordar estar viendo puras almas humanas por pedacitos”.
Un año después de regresar a Nueva York, Rojas se mudó a Florida y ahora vive en Idaho, y es que en el campo abierto encontró la paz que no tenía en Manhattan.
El cambio en su vida no sólo ha sido físico, sino también espiritual.
Ex cantante del grupo merenguero “Las Chicas del Can”, que cobraron fama en los años 80, ahora se dedica exclusivamente a cantar música cristiana y está casada con un médico misionero.
Junto a él, ofrece charlas de motivación y relata lo que ha vivido y cómo Dios ha obrado en su vida.
“Yo estoy segura que el Señor quería que me salvara de esa tragedia”, dijo.
También es sustituta de maestra y también estilista, aunque lo vivida ese día 11 de septiembre es algo con lo que vivirá el resto de su vida.
Cada año ese día, Rojas dice que ella celebra un año más de vida y recuerda a todos los amigos, clientes y conocidos que perecieron en esa tragedia.
“Trato de no mirar las noticias ese día y hacer conciencia en la gente que la vida es valiosa y que tenemos que aprovechar cada minuto que Dios nos da”, dijo.