Mago, heróe nacional, famoso, líder comunitario, activista. Todo esto y más se ha dicho de William Rodríguez, un barrendero que saltó a la fama al usar la llave maestra que tenía él en el World Trade Center y ayudar a escapar a cientos de personas que de otra manera habrían perecido.
“Yo soy un sobreviviente. Sí hice algo increíble, pero fue por necesidad”, dijo el puertoriqueño de 50 años y padre de dos hijos. “Yo estoy vivo de milagro”.
Rodríguez trabajó en las Torres gemelas por casi 20 años, los últimos 10 barriendo escaleras de 110 pisos. Y usualmente realizaba su trabajo de arriba hacia abajo, en parte porque le daban el desayuno gratis en el restaurante Windows of the World, ubicado en el piso 105 y 106 de una de las Torrres.
“Si llego temprano ese día, me coge arriba trabajando”, dijo.
En 1996, luego de una caída que tuvo, demandó a la compañía de limpieza para la cual trabajaba. No ganó dinero, sino que se le diera una llave maestra del edificio y un radio, que sin nadie saberlo entonces, sería la salvación de cientos de personas cinco años más tarde.
En esas cosas del destino, Rodríguez se levantó tarde el 11 de septiembre y hasta pensó en no presentarse a trabajar ese día. Pero el supervisor le dijo que se presentara tarde.
More Top Picks Best Anti Snore Pillows For Sleep Apnea Patients
Llego a las 8:30 de la manaña y no tardo en ser parte clave del rescate de decenas de personas durante el peor ataque terrorista contra los Estados Unidos.
“A las 8:46 oímos un BOOM que nos levantó en el aire. Las paredes se rajan, los paneles del techo nos caen encima”, recordó de lo que él y otros trabajadores que estaban en el primer nivel del sótano sintieron con el choque del primer avión contra las Torres Gemelas.
“Yo pensé que un generador (eléctrico) había explotado porque el cuarto de máquinas estaba en el piso de abajo y yo sentía que eso venía de abajo”, dijo.
El impacto hizo oscilar tanto el edificio que Rodríguez dijo se podía escuchar el “crujir de las paredes”.
Luego vio la primera escena que lo impactaría.
Un hombre venía corriendo hacia ellos gritando “Bomba, Bomba” y con lo que parecía era tela que le colgaba de los brazos. Pero era en realidad la carne quemada que le colgaba desde las axilas hasta la punta de los dedos.
“Tenía el 33 por ciento del cuerpo quemado”, dijo Rodríguez.
Fue entonces, que tomó control de la situación y sin dudarlo lideró a 14 personas fuera del edificio, sólo para regresar en tres ocasiones más, liderando grupos de bomberos que subían las escaleras con sus pesados equipos y abriendo las puertas cerradas con llave cada tres pisos. Por reglas y para prevenir que los incendios se propagaran,en el World Trade Center, cada tres pisos las puertas de las escaleras estaban cerradas con llave y la que Rodríguez portaba abría todas esas puertas.
En uno de esos retornos al edificio, esuchó a personas gritando dentro de uno de los 112 elevadores que había en las Torres Gemelas.
“Nos vamos a ahogar” gritaban, pues los rociadores quebrados habían inundado parte del sótano.
Ayudado de su llave abrió uno de los cuartos donde se mantenían escaleras y sólo una estaba suelta, las demás con cadenas, y con esa salvó a dos personas.
Pero muchas más se salvarían a medida que subía los pisos liderando a los bomberos.
“Abriendo puertas y sacando gente”, relató.
En total, llegó hasta el piso 39, donde otra sacudida del edificio ante el segundo impacto de los aviones y el derrumbe interno de todo lo que estaba entre el 65 y 44 pisos, lo detuvó. Ahí, bomberos y policías que lo acompañaban le dijeron que ya había hecho bastante y que se regresara ayudar a un hombre en silla de ruedas que estaba en el piso 27.
“Tu has hecho mucho, pero a ti no te pagan por esto”, recordó de lo que le dijeron.
Ayudadó de varios otros bomberos, llegó al Lobby del edificio cargando al hombre en silla de ruedas.
Pero ahí los impactó otro BOOM que hizo que cayeran las pocas luces aún en pie.
“Había polvo gris por todas partes, las puertas de la entrada de cristal estaban todas destruidas”, dijo.
Afuera, al salir del edificio se encontró con una escena dantesca. Todos los cuerpos de la gente que saltó desperdigados y explotados por el piso. Incluso había el cuerpo de una mujer, una nueva empleada que encontró acobardada en el piso 33 sin saer qué hacer y a quien ordenó salir del lugar. El cuerpo de la mujer estaba partido por mitad.
EL MAGO
Pero él aún no estaba a salvo.
En ese momento, venía el colapso del edificio y Rodríguez sólo alcanzó a correr para refugiarse debajo de un carro de bomberos, pero quedó atrapado entre los escombros.
“Yo sabía que iba a morir. Yo esperaba la muerte”, dijo de las siguientes tres horas que pasó ahí.
Pero una vez más el destino y su experiencia lo prepararon para la adversidad.
Por 30 años, Rodríguez había aprendido y practicado la magia en su natal Puerto Rico. Incluso cuando llegó a Nueva York buscaba seguir haciendo esto, pero se encontró con poco trabajo y empezó a trabajar en limpieza.
Durante su entrenamiento como mago, “hacía cosas de escape” y aprendió a manejar el oxígeno y controlar el pánico y la claustrofobia, cosas que sin dudarlo lo ayudarían en el percance.
“Fueron los segundos más largos de mi vida”, dijo de las tres horas que pasó ahí enterrado hasta que lo rescataron.
“Fue una metamorfosis espiritual donde te das cuenta que lo que verdad importa son tu familia tus amigos”, dijo.
More Top Picks Best Prescription Blue Light Glasses
EL ACTIVISTA
Pero en realidad fue un cambio total, pues de barrendero pasó a ser un heróe y celebridad, a quien le dieron todo tipo de honores nacionales e internacionales.
Pero al darse cuenta que los trabajadores indocumentados que perecieron y se vieron afectados por el ataque no recibían la parte justa de compensación como los demás, también se volvió un activista a su favor, peleando y consiguiendo una amnistía para estas personas por parte de autoridades migratorias.
“Las víctimas hispanas recibieron menos del tres por ciento de lo que se recaudó y no hubo una distribución equivativa”, dijo de los millones que se destinaron para víctimas y afectados. “Y no es justo porque el lavaplatos de Windows of the World murió igual que el stockbrocker de Merryl Lynch.”
Creó la fundación Grupo de Víctimas Hispanas para este propósito y hoy en día continúa abogando por ellos y destinando a ese grupo parte de lo que recibe en compensación por las charlas de motivación que ofrece.
Todo esto a pesar de haberse quedado sin trabajo y vivir por un tiempo desamparado, durmiendo en su carro debajo de un puente.
Hoy en día continúa su labor, mientras critica también lo que recaudan fundaciones que supuestamente ayudarían a víctimas pero no lo hacen. También critica la poca investigación que hubo sobre lo que realmente ocurrió durante el 11 de septiembre. Y es que para él, el derrumbe de las Torres se debió a más que el choque de los aviones.
“No sé qué fue, pero no se hizo una investigación completa. Se gastaron 15 millones en la investigación del World Trade Center y 30 millones en lo de Monica Lewinsky”, dijo en referencia a la interna de la Casa Blanca y su relación con el entonces presidente Bill Clinton.
Hoy sigue contado su experiencia, en parte para “humanizar el evento”, dijo.
“Nos olvidamos por qué hemos perdido tanta gente ese día. Esto también ha sido la excusa política para dos guerras”, dijo. “Esta todavía es una nación herida”.
Y a qué acredita su salvación.
Una combinación de designos divinos, sus diferentes experiencias a traves de la vida, así como un positivismo y una fe ciega.
“Yo tengo una fe ciega en la capacidad de levantarme. Por muy mal que yo esté, yo sé que algo bueno va pasar”, dijo.