Por dos meses, Baudelia Gaeta se resistió a enviar a su nieta, Xóchitl Peña, a un campamento de verano.
Xóchitl, que tiene 20 años y Síndrome de Down, nunca antes había estado alejada de su familia.
“A la calle no la dejamos ir sola”, explicó Gaeta, quien agregó que aunque Xóchitl entiende bien lo que se le dice, su comunicación verbal es muy limitada.
Pero una de las terapistas que atiende a Xóchitl finalmente la convenció.
Así pues, la joven pasó una semana en el campamento AbilityFirst Camp Paivika, ubicado en las Montañas de San Bernardino, donde personas con discapacidades de todo tipo pueden disfrutar de actividades al aire libre en un lugar que se acomoda a sus necesidades.
“Nos enfocamos en niños de 9 hasta 20 años con discapacidades mentales o físicas”, indicó Kelly Kunsek, directora del campamento.
Señaló que entre las personas que reciban se encuentran aquellas con distrofia muscular, autismo y parálisis cerebral, entre otros.
Debido al tipo de personas que reciben, Kunsek dijo que se encarga de contratar a personas que tengan ciertos conocimientos para atenderlos. Por ejemplo, este verano había dos estudiantes de medicina y dos más de enfermería. Esto, aparte de dos enfermeras registradas que viven en el campamento durante toda la temporada.
Kunsek dijo que aunque muchos padres temen alejarse de sus hijos con necesidades especiales, esto les ayuda tanto a ellos como a los niños.
“Tenemos chicos que tienen 15 ó 16 años y nunca han pasado la noche alejados de su casa. El estar lejos de su casa es importante para su desarrollo social y también para las familias para que aprendan a estar alejados de sus hijos y hacerlos independientes”, dijo Kunsek.
Relató una llamada reciente que recibió de un padre de familia, cuya hija de 20 años regresó y ya podía cepillarse los dientes por sí sola.
Kunsek señaló también que el campamento les da una oportunidad a los participantes a ser ellos mismos sin miedo a ser discriminados.
“Aquí pueden venir y olvidarse de su discapacidad porque nadie lo nota”, dijo.
También permite a los padres un poco de respiro.
“Les da una semana para que se enfoquen en ellos o sus otros hijos”, dijo Kunsek. “Cuidar de un niño con discapacidades es algo de lo que nunca descansas. Esto los deja descansar un poco de todo ese estrés”.
Pero aparte de los desarrollos motores o mentales que puedan tener los participantes del campamento, la verdadera atracción son las actividades al aire libre que se ofrecen ahí. Estas actividades incluyen paseos en caballo, nado, tiro al arco y carnes asadas. También hay bailes y presentaciones de talento.
Esto último fue de lo que más disfrutó Xóchitl, dijo su abuela.
“A ella le gusta bailar y me dijo que había estado en cosas como de actuación y eso es su mero mole”, dijo Gaeta.
Algo más que disfrutó mucho fueron los caballos.
Y aunque Xóchitl acaba de regresar, Gaeta dijo que ya ve algunos cambios en su comportamiento.
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“Ahorita está lavando los trastes. Apagó la televisión y comió y eso no lo hacía antes”, dijo. “Ella tampoco es amante de caminar y me dijeron que anduvo caminando allá”.
Así que Gaeta dijo que se siente satisfecha de haber vencido su nerviosismo inicial.
“Sí le ayudó. Uno no le puede dar esos lujos a los niños y esto les ayuda a ellos también”, expresó.
El costo del campamento es de 975 dólares por una semana, sin embargo, Kunsek indicó que hay ayuda financiera disponible para las familias. Este verano, 140 asistentes recibieron esta ayuda.
“No le cerramos las puertas a nadie”, dijo.
Aunque las sesiones de verano ya terminaron, Kunsek dijo que también ofrecen algunas fechas en la primavera y recomienda que familias interesadas en el campamento se comuniquen con ellos lo antes posible para empezar a reservar y hacer los trámites necesarios para asegurar la participación de sus hijos.
El dato
Para informes sobre el Campamento AbilityFirst Camp Paivika, llame al (909) 338-1102 o visite
www.abilityfirst.org.