Ana Menjivar dice que un gerente le tocó sus partes íntimas. Diana Magaña acusa que constantemente los gerentes la invitaban a salir prometiendo recompensas laborales e Ibesya Poblanc relata que a veces bailaba con un cliente por toda una hora, pero sólo recibía 8 de los 30 dólares que cobraban por sus servicios en el Club 907.
Estos son algunos de los alegatos por ex trabajadoras en una demanda contra los dueños del negocio Michelle Hutchinson y Dennis Bowers de la firma Goliath Inc.
La querella viene nueves meses después de que se arrestaran a varias mujeres en ese lugar, por poseer identificaciones falsas.
En noviembre, cuando ocurrió el cateo, la Policía dijo que habían visto a hombres tocando los cuerpos de las mujeres, indicios de que se practicaba la prostitución, consumo de alcohol y narcóticos, cosas que no se permiten en este tipo de establecimientos en donde los hombres pagan 30 dólares por hora para bailar con una de las trabajadoras.
Un total de 58 mujeres recibieron cargos por poseer una identificación falsa, los cuales después fueron desechados. Sin embargo, muchas también fueron referidas a Inmigración por no tener documentos migratorios. Esos casos aún continúan.
Jeffrey Ranen, abogado que representa al Club 907 dijo que “el establecimiento niega rotundamente los alegatos. El Club 907 cumplió con las leyes laborales de California y se comprobará que los empleados recibieron un pago mayor al salario mínimo”.
Ranen agregó que los alegatos de acoso sexual son falsos y motivados por ex empleados molestos con su supervisor. Y señala además que el “Club cree que los intentos de los abogados por llevar este caso a los medios es un esfuerzo de infundir temas políticos en una disputa y eso no se tolerará. Esperamos que un jurado nos dé la razón”.
El Club 907 reabrió sus puertas luego del incidente, pero cerró poco tiempo después. Hasta el cierre de esta edición, el abogado que representa a los dueños del negocio no respondió a nuestras llamadas y correos electrónicos.
Angélica Salas, directora ejecutiva de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes de Los Ángeles (CHIRLA), calificó las condiciones laborales de las mujeres en el negocio como “horrendas” y una vergüenza para la ciudad de Los Ángeles.
También dijo que hay que reconocer la valentía de las ex trabajadoras que presentaron la demanda, ya que este caso debe servir como un ejemplo para mostrar que en este país se tienen derechos.
Condiciones que incluían el ser captadas en video mientras se cambiaban en un cuarto del club, dijo Menjivar, salvadoreña y madre de dos hijos.
Por su parte, la hondureña Poblanc relató que se les exigía cumplir con cierta cuota de minutos de baile y se les descontaba si no cumplían ese tiempo. También se les penalizaba si no laboraban los fines de semana o los días que los gerentes determinaran que eran mandatorios.
Magaña también dijo que otro problema era que sólo se les pagaba por los minutos que bailaban con los clientes, sin importar si los acompañaban durante toda la hora. Esto significaba que a veces recibiera 50 o 60 dólares de pago por 30 horas trabajadas. El pago por minuto de baile era de 19 centavos.
“Creo que eso es una injusticia”, expresó Magaña.
Todas las mujeres dijeron que soportaron estas condiciones debido a la carencia de oportunidades laborales.