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Por los casi 25 años de diferencia en edad entre ambos, Elizabeth Moreno pensó que, posiblemente, su esposo moriría de forma natural antes que ella. Sin embargo, nunca pensó que sería de forma trágica en que Santos Valerio Turcios perdiera su vida.

“Nos dejó muy tristes”, dijo Moreno, de 24 años, embargada por el llanto.

Según el Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD), el lunes 6 de diciembre, alrededor de las 9:10 de la noche, Turcios, de 49 años de edad, fue a un edificio de apartamentos ubicado en la cuadra 900 al oeste de la Calle 82, en el Sur de Los Ángeles, donde su hija adolescente había estado bebiendo con un muchacho de 15 años.

Turcios confrontó al joven y se suscitó una pelea, durante la cual el adolescente apuñaló al padre y enseguida huyó del lugar, de acuerdo al parte policial.

Turcios fue llevado de emergencia al hospital, donde murió. Los investigadores localizaron y arrestaron al joven, cuyo nombre no se reveló debido a ser menor de edad, pero el arma no ha sido encontrada y la investigación continúa, según el LAPD.

El día de su muerte, Turcios despertó a su esposa con un desayunó típico de su país y por la tarde, cuando ella tomó una siesta, le dejó una rosa en su almohada.

Dulce recuerdo

Ese es el recuerdo que Moreno aún conserva de su compañero, con quien procreó cuatro hijos, incluyendo a unos gemelos hace dos meses, una niña de actualmente 6 años de edad y un niño de 4.

Adicionalmente, Turcios, oriundo del departamento de Usulután y quien tenía alrededor de 28 años de vivir en Estados Unidos, tenía siete hijos más, tres de los cuales viven en El Salvador.

Moreno describió a Turcios como un padre y esposo ejemplar. Señaló que en abril había hecho su primera comunión y confirmación y que asistía a clases biblícas en la iglesia y ayudaba a cualquiera que se lo pidiera.

“Todos lo conocían porque era una persona que ayudaba a todo el mundo”, dijo ella. “Si alguien quería posada, les daba posada. Si alguien tenía hambre, él les daba de comer”.

La pareja se conoció hace unos ocho años en una fiesta y desde entonces no dejaron de hablar un solo día y nunca tuvieron una disputa familiar.

Por los últimos dos años, Turcios no había podido trabajar como camionero debido a un accidente que le lesionó una de sus piernas al volcarse el camión que manejaba sobre la Autopista 710 y la convivencia con Moreno se hizo aún más fuerte.

“Hay tantas preguntas y no hay contestación. Siento la soledad al llegar mi casa y él no esta. Extraño sus caricias, su amor”, expresó Moreno.

“De un día para otro él ya no está y el mundo sigue como si nada, como si él nunca hubiera existido”, prosiguió. “Eso me mata”.

Aún peor es el hecho de que Turcios murió a sólo tres días de cumplir 50 años. Pero a pesar de su deceso, sus familiares le hicieron un festejo póstumo.

“Llegó mucha gente y le celebramos su cumpleaños, rezando y cantando las canciones que le gustaban”, indicó Moreno.

Con un poco de paz

Agregó que encuentra un poco de paz en las misas que le dedicará a Turcios cada domingo hasta el día en que ella muera -aunque el diario vivir es difícil, especialmente al lidiar con hijos pequeños .

“A los niños chiquitos les dije que su corazón se paró, que él está con papá Dios”, relató la viuda.

Pero los niños parecen saber lo sucedido, aún sin que ella se los diga.

“El niño me dijo ‘no es bueno matar a la gente porque Dios odia que maten a la gente'”, contó Moreno sobre las palabras que le dijo su hijo de 6 años y que la dejaron sin respuesta.

Asimismo, su hija, quien ya recibió el “scooter” que sus padres le regalarían para esta Navidad, también le dijo que “los malos han matado a mi papi”.

“Ellos se ponen tristes. A veces están llorando, a veces riendo. Yo no permito que me miren llorar. Pero es difícil para todos. Su papi ya no va entrar [por la puerta]”, manifestó Moreno.

“No puedo vivir sin él”, lamentó.

FOTO: cortesia de la familia