El evento anual de rock alternativo celebró una de sus mejores ediciones de los últimos años.
En sus dos décadas de presentación, el Almost Acoustic Christmas de la radioemisora KROQ ha tenido fechas más afortunadas que otras. Y es que su formato mismo, que trata de ofrecer un panorama realmente amplio de la escena alternativa a lo largo de dos días, se presta fácilmente a la posibilidad de que una banda realmente buena sea sucedida en el escenario rotativo por una realmente mala.
Pero uno de los aspectos más interesantes de su más reciente celebración (llevada a cabo el fin de semana pasado en el Anfiteatro Gibson, como de costumbre) es que la mayor parte de las propuestas que se pudieron ver y escuchar resultaron no sólo dignas de interés, sino que reciben actualmente halagos de la crítica y ocupan las páginas de las publicaciones rockeras más prestigiosas.
Ese es el caso de Florence + the Machine, que constituye para este redactor la sorpresa mayor del evento, ya que si bien la espigada y pelirroja cantante ha participado ya en varios espectáculos televisados de tinte comercial, lo que hace en el escenario es absolutamente original -y nada concesivo-.
Bastó con ver el modo en que una canción suya pasaba hábilmente de sonar como una suave fábula de ensueño (con un fondo de arpa y sus etéreos movimientos de baile) para convertirse en un poderoso rock pesado, coronado por una portentosa voz que deja la caricia del susurro para asumir un grito reminiscente a Robert Plant (o Ann Wilson, si se prefiere), para saber que esta misteriosa británica es cosa seria. No es por nada que se encuentra nominada para un Grammy en la categoría de Mejor Artista Nuevo.
Otro acierto del evento de este año fue que no se privilegió excesivamente a los artistas nuevos; aunque la segunda noche culminó con una eficiente entrega de Phoenix (un grupo francés que se ha hecho recién popular en los Estados Unidos), el plato de fondo de la primera fue The Smashing Pumpkins (una banda estadounidense que alcanzó fama y fortuna allá por los 90s, durante el apogeo del ‘grunge’).
De hecho, este último combo, liderado aún por el enigmático Billi Corgan en voz y guitarra, sigue siendo una fuerza musical y creativa de consideración, a pesar de que su actual formación prescinde de varios miembros que a decir de muchos eran esenciales.
A diferencia de algunos oscuros shows del pasado reciente, los Pumpkins le dieron cabida en su set a varios de sus éxitos radiales (como “Today” y “Ava Adore”), pero no dejaron de lado el lado profundamente psicodélico que se ha reforzado en sus dos Eps apenas editados, y que se hizo evidente de manera gloriosa en el corte de apertura, “The Fellowship”, así como en otras composiciones (entre ellas, la estupenda “Bullet with Butterfly Wings”), que rezumaron distorsión y disonancias.
Claro que, si queremos hablar realmente de veteranos, no podemos dejar pasar a dos de las bandas que antecedieron a Corgan en el escenario durante la jornada del sábado: Social Distortion y Bad Religion. A punta de guitarrazos precisos y de buen rock’n’roll, ambas instituciones del punk californiano demostraron ampliamente su vigencia, aunque sus miembros no se mueven con la destreza de antes y algunas de sus piezas nuevas no se encuentran a la altura de las expectativas.
Hay que considerar que, con este concierto, Bad Religion -que tocó con tres guitarristas- celebraba 30 años de carrera, como lo dijo su emblemático vocalista Greg Griffin, autor de algunas de las mejores letras que ha exhibido el género en los últimos años (para muestra, un botón: la estupenda “American Jesus”, que sonó mejor que nunca).
Originalidades y fusiones
Por lo general, la primera jornada del Almost Acoustic Christmas (cuyo nombre, como lo habrán ya adivinado, es pura ironía, porque si algo reina acá es la electricidad) se encuentra dedicada a los artistas más ruidosos; en ese sentido, la presencia de Cake en el cartel fue bastante extraña.
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Pese a todo, el conjunto de Sacramento logró mover a una audiencia ávida de decibeles con un sonido tan peculiar como encantador, en el que no faltaron arranques de poder ni la sinuosa voz de John McCrea, conocido por una técnica en la que se combinan el canto con la prédica verbal.
Los que sí se mostraron más acordes con la tónica general del día fueron los integrantes de My Chemical Romance, un cuarteto de Nueva Jersey que causó una evidente sensación con su álbum conceptual “The Black Parade” (2006), y que parece haber adoptado un estilo mucho más bailable en “Danger Days: The True Lives of the Fabulous Killjoys”, su más reciente placa, que ha obtenido también reseñas muy favorables.
Pese al reconocimiento crítico y a su impecable puesta en escena, la banda no termina de convencer; hay algo un tanto artificial en la postura juguetona del cantante Gerard Way, probablemente una reminiscencia de AFI (otra banda que trata de combinar el punk con el glam y lo operático sin cuajar del todo). Pero no cabe duda de que estos muchachos pueden llegar lejos, y que su más reciente sencillo, “Na Na Na (Na Na Na Na Na Na Na Na Na)”, tiene un potencial ‘popero’ insospechado.
Otro combo que sorprendió a propios y extraños fue The Black Keys, de Ohio. No hubiera tenido que ser así, porque en su más reciente número, la revista Rolling Stone ha catalogado su más reciente álbum, “Brothers”, como el segundo mejor lanzamiento de todo el año. Lo que pasa es que, antes de verla en vivo, se tiene derecho a dudar de la performance de una banda que en el estudio trabaja como un dúo de guitarra y batería (a la usanza de los White Stripes) y que recurre a un estilo absolutamente básico.
Pero, segundos después de que el guitarrista y cantante Dan Auerbach y el baterista Patrick Garney aparecieron en el estrado del Gibson, secundados por un tecladista y un bajista invitados, quedó claro que los Black Keys no necesitan de mucho para impresionar; les basta con tener buenas composiciones, un sonido crudo pero pegajoso y un blues que adquiere frecuentes aires de rock pesado. Una bandaza, por donde se la vea.
Lo que ocurre con Vampire Weekend resulta más difícil de definir. Cuando recién se lo escucha, el cuarteto neoyorquino parece encontrarse mucho más dado al pop comercial que al rock ‘indie’ que pretende representar, y la voz de su frontman Ezra Koening puede resultar realmente desagrable al oído. Pero lo que le otorga valor al grupo es su poderoso sentido del ritmo y el uso de arreglos que son pegajosos pero también inusuales, ya que provienen de las canteras de la poco explorada música africana.
Para terminar, habría que terminar citando el set de Brandon Flowers, el conocido vocalista de los inmensamente populares The Killers, que se encuentra actualmente embarcado en una carrera temporal como solista. Desde que lo ha hecho, el músico oriundo de Las Vegas ha recibido las críticas de quienes consideran que lo que hace por su cuenta no se diferencia realmente de lo que practica con su afamado grupo, por lo que no existe realmente una justificación válida para el proceso.
No les falta razón; en vivo, el vocalista presentó un sonido muy parecido al de The Killers, quizás incluso más comercial, y hasta entonó una versión acústica de “When You Were Young”. Por otro lado, su ‘cover’ del tema “Bette Davis Eyes”, original de Kim Carnes, dejó bastante que desear; pero, para ser justos, Flowers funcionó bien como un acto de paso, ya que entretuvo a la platea con su innegable carisma y su buen sentido de la melodía.
El evento tuvo también en su poblado escenario a Jimmy Eat World, The Dirty Heads, Anberlin, Switchfoot y A Day to Remember durante el primer día, y a The Temper Trap, Neon Trees, Broken Bells y Edward Sharpe & the Magnetic Zeros durante el segundo.
Ojalá que el 2011 traiga una edición del mismo o de mejor nivel.